La comunidad escolar no atiende al "bullyng homófobo"

El 34% de niños y jóvenes homosexuales que sufren insultos y agresiones de sus compañeros por su orientación sexual no lo explican a nadie y el 20% que se decide a hacerlo lo dice en primer lugar a un amigo íntimo y después a sus progenitores, según explicó a Europa Press el presidente del Instituto Catalán de Estudios de la Violencia (Icev) y antropólogo, Joan Merino.

Esta organización, junto con entidades de homosexuales y jóvenes, entre otras, ha elaborado un estudio para conocer el fenómeno del ‘bullyng homófobo’, que son las agresiones a compañeros del colegio por su orientación sexual, a través de encuestas a menores y jóvenes homosexuales.

La investigación revela, en un primer estadio, que el 32% de agresiones o insultos se producen en el patio, el 11,7% en las aulas, el 11,6% en los pasillos y el 29% fuera de las instalaciones del centro. Sólo el 2,4% tiene lugar en los lavabos.

Internet también se ha convertido en una vía para realizar este tipo de ‘bullyng’, ya que el 23,5% de las víctimas asegura haber recibido insultos a través del chat, aunque no llega al 3% los que lo han hecho a través de Facebook y otras redes sociales, por lo que Merino rehusó a hablar de ‘ciber bullyng’.

Otras formas de insultar son a través del teléfono, con notas escritas, mensajes de móvil y a través de la pizarra, todas ellas con una incidencia del 5%, a excepción de la pizarra con un 8%.

IMPUNIDAD Y SOLEDAD

Para Merino, estos datos revelan la “impunidad” de este tipo de actuaciones ya que la mayoría se producen en zonas donde profesores y el resto de alumnos lo ven. Lamentó que, en caso de castigar a los autores, no se tiene en cuenta el carácter homófobo y reciben el mismo castigo que por otro tipo de insulto o agresión.

Las víctimas reclaman la implicación de los maestros para poder abordar estos temas y observan que la orientación sexual es un tema “incómodo” aún entre los profesores para tratarlo en las clases.

Ante esta situación, muchas víctimas se sientes solas y deciden no explicar lo que les ocurre. Merino criticó también que cuando se observa una orientación sexual diferente se acostumbra a instar a la familia a que lleve al menor al psicólogo por un problema de adaptación, cuando los niños reconocen que no tienen un problema de esas características.