Samaranch, toda una vida dedicada al olimpismo

Juan Antonio Samaranch (Barcelona, 1920-2010) se erigió, en sus 21 años al frente del COI, en el modernizador de los Juegos Olímpicos y en padre del movimiento olímpico español, que tuvo como colofón los Juegos de Barcelona en 1992.

Hábil negociador, reorganizó la institución heredada del barón de Coubertain dando entrada a los países del bloque comunista, multiplicando el presupuesto de la institución y convirtiendo la gran cita deportiva en un gran espectáculo mediático mundial.

También brilló en otras esferas y destacó en todo lo que se propuso, como en la política –como presidente de la Diputación Provincial en Barcelona y como embajador–, y en las finanzas, llegando a ocupar la presidencia de La Caixa.

Samaranch nació en la Ciudad Condal el 17 de julio de 1920, año en que se recuperaban los Juegos Olímpicos tras la I Guerra Mundial, en las Olimpiadas de Amberes (Bélgica).

Hijo de una acomodada familia de Barcelona, se diplomó en Comercio en la escuela de negocios IESE. Hablaba inglés y francés, y tenía nociones de alemán y ruso.

Antes de convertirse en uno de los presidentes del COI más longevos, empezó en la base del deporte, concretamente en la disciplina del hockey.

Durante la postguerra española fue jugador de este deporte, que reportó los primeros éxitos mundiales a España. Después fue entrenador del RCD Español, seleccionador nacional y vicepresidente de la Federación Española y de la Internacional.

Los éxitos del hockey le llevaron con 34 años a ser nombrado concejal de Deportes del Ayuntamiento de Barcelona, cargo que se prolongó durante ocho años, hasta 1962, y desde el que organizó los II Juegos del Mediterráneo.

Siendo concejal de Barcelona se convirtió en 1956 en miembro del Comité Olímpico Español (COE). Cuatro años después, fue jefe de misión de los Juegos Olímpicos de Tokio, y en 1966 fue elegido miembro del COI y delegado nacional de Educación Física y Deportes.

Su ascensión no tuvo límites y, en 1967, con 47 años, alcanzó la presidencia del COE, fue elegido procurador en Cortes por el tercio familiar y consejero nacional del Movimiento. En 1968 fue nombrado jefe de protocolo del COI y, dos años más tarde, entró en la Comisión Ejecutiva.

En 1973 alcanzó la presidencia de la Diputación de Barcelona y un año después accedió a la vicepresidencia del COI. Pero fue en 1977 cuando se produjo el hecho crucial en su particular carrera olímpica: ese año fue nombrado embajador español en la URSS, y tres años después, en 1980, se erigió en presidente del máximo organismo deportivo mundial.

21 AÑOS AL FRENTE DEL COI

Durante su mandato a lo largo de 21 años, fue un indiscutible gran gestor del deporte y digno heredero del barón de Coubertain (el gran impulsor de las Olimpiadas), con éxitos como la consolidación y modernización de los Juegos, que cuando tomó posesión del cargo en 1980, se debatían entre grandes problemas de unidad y de concepto.

Bajo su mando los países miembros pasaron de 141 a 200; doce mujeres entraron en el Comité, donde antes no había ninguna. En 1980 el presupuesto era de cinco millones de francos, por 40 cuando dejó el COI.

Al frente de la bandera olímpica, dio la vuelta al mundo, acabó con el boicot político -su gran reto en los primeros años de mandato-, fomentó la presencia de la mujer, vio cumplido el sueño de ofrecer a Barcelona unos Juegos –con su mítica frase “À la ville de Barcelona”– y superó en 1998 la crisis de corrupción por la elección de sede de los Juegos de Invierno de 2002 en Salt Lake City, que enturbió su labor.

BARCELONA’92

Barcelona ’92 significó que toda España se volcara con el deporte, y el resultado fue un enorme éxito tanto deportivo (con 23 medallas) como organizativo.

Desde el Gobierno se aplicaron las medidas necesarias para que la preparación de los deportistas españoles fuera óptima. De hecho, fueron catalogados por él mismo en la ceremonia de clausura como “los mejores de la historia” hasta entonces, y se recordarán como los de la cordialidad y de apertura al profesionalismo.

El ya longevo presidente del COI tuvo que vivir, en Atlanta’96, los Juegos más polémicos. En primer momento, porque impidieron a Atenas celebrar el centenario de los Juegos, y después, porque en la ciudad estadounidense nada funcionó, ni siquiera el sistema informático en un país con tecnología punta. Durante el evento una bomba causó dos victimas y llevó el miedo a toda la organización, que impuso muchísimas medidas de seguridad.

En sus últimos Juegos como presidente, Sidney’2000, la gran acogida del pueblo australiano propició el éxito. A pocos días del inicio de los Juegos, Samaranch recibió la noticia de la muerte de su mujer, María Teresa Salisachs Rowe, conocida como ‘Bibis’, con quien se había casado en 1955 y tuvo dos hijos. Durante dos días se ausentó, por primera vez, de unos Juegos que él presidía.

Dejó el cargo el 16 de julio de 2001, un día antes de cumplir los 81 años, en Moscú (Rusia), precisamente la ciudad que le había catapultado hasta los más alto del deporte mundial.

12 AÑOS AL FRENTE DE LA CAIXA

Su carrera en el CIO es paralela en buena parte a su paso por La Caixa, a cuya presidencia accedió en 1987, tres años antes de fusionarse con Caixa de Barcelona, en uno de los primeros procesos de concentración de entidades financieras del país.

En 1999 fue relevado por Josep Vilarasau, director general hasta entonces y Samaranch atribuyó a su edad su marcha de la caja, siendo nombrado presidente de honor.

Disfrutó siempre de una buena posición, como hijo de un industrial textil que había empezado trabajando de niño en el Ateneu Obrer y cuya conciencia social le llevó a instalar guarderías, bibliotecas y pistas de deporte en sus fábricas.

En 1988, se le concedió el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes y en 1991 el Rey Juan Carlos I le concedió el título de Marqués de Samaranch.

Realizó visitas oficiales a casi todos los países del mundo y fue doctor Honoris causa por varias universidades, como la Complutense de Madrid, la Sorbona de París y las de Calgary y Québec (Canadá).

En sus últimos meses de vida, se le vio apoyando a otro de los grandes sueños del olimpismo español: la candidatura de Madrid de 2020, que finalmente fue superada por Brasil.

Pese a la muerte la llama de los Samaranch continúa viva: su hijo, Juan Antonio, es miembro del COI y su hija, María Teresa, es presidenta de la Federación Española de Deportes de Hielo.

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