Jornadas de puertas abiertas en Son Espases

Cincuenta minutos de paseo y tres kilómetros de recorrido por habitaciones, pasillos y salas de traumatología y urgencias es lo que les espera a quienes se acerquen este fin de semana a visitar el nuevo Hospital de Son Espases. Además se llevarán de recuerdo un folleto explicativo, una libreta, un bolígrafo y un globo.

No podrán entrar en la biblioteca para los pacientes, el módulo de presos o las dos salas de culto -una para católicos y otra para quienes practiquen otros cultos-, pero es que la visita de algo menos de una hora no da para recorrer los 172.000 metros cuadrados que tiene el hospital.

El recorrido sí permite hacerse una idea de lo innovador de las instalaciones y el cambio es especialmente brusco para quienes, como Tomás, de 63 años, han estado alguna vez ingresados en Son Dureta. “Es impresionante, aquí no me importaría tener que pasar unos días, aunque espero que solo sea de visita”, asegura.

La ruta creada para la jornada de puertas abiertas empieza en el vestíbulo, pasa por la sala de extracciones, las aulas de docencia y el salón de actos, antes de llegar a los vestigios de ruinas romanas que se encontraron durante la obra en la zona de urgencias pero que se han trasladado junto al pabellón de investigación.

El paseo continúa junto al helipuerto y el carril bici y después se visita un módulo de hospitalización. Siguen pediatría, la guardería y una parada para divisar las vistas del Monasterio de La Real, cuya protección generó tanta polémica y ahora suscita la devoción de los visitantes.

Después de pasar por radiología, urgencias y traumatología se regresa al vestíbulo, donde se les invita a firmar y hacer algún comentario en el libro de visitas para el público. Hay otro de autoridades, en el que las tres primeras páginas esperan pacientemente en blanco a que llegue la firma de algún miembro de la Familia Real.

Laura, que trabajará como guía durante estos días de puertas abiertas asegura que en general “toda la gente sale muy contenta de la visita”. “Al principio les cuesta ubicarse y algunos incluso dicen que tienen miedo a perderse, pero en seguida se orientan”, explica.

“Lo que más le gusta a todo el mundo son las habitaciones individuales”, destaca la guía.

Cientos de personas pasarán por esas habitaciones para comprobar en qué se han gastado sus impuestos, como explica Antonia, maestra de 49 años. “Me interesa conocer el hospital y saber en qué se ha invertido el dinero de todos los ciudadanos porque en esto en lo que tienen que invertir: en mejoras de salud y educación”, reclama. El hospital le ha parecido “fabuloso”.

Luisa, jubilada, coincide: “Es muy funcional para los trabajadores y acogedor, aunque en la primera impresión parezca faraónico”.

Es difícil oír una crítica de los palmesanos que se han acercado voluntariamente para conocer su nuevo hospital, pero alguna brota tímidamente, como la formulada por Francisca, “mallorquina de toda la vida”, según aclara, pero extrañada de que “todos los carteles están en un solo idioma”, el suyo propio, el mallorquín.

“Yo he visitado hospitales en Bilbao y en Galicia, y allí los carteles están en su lengua, pero también en castellano y yo creo que deberían estar en los dos idiomas para que pueda entenderlos todo el mundo”, reclama. Su marido, Francisco, puntualiza: “el único que está en español es el del agua no potable”. Algo es algo.

Por lo demás, al matrimonio el hospital les ha parecido “impresionante y muy necesario”, como a la mayoría. EFE / Susana L. Lamata

2 Comentarios

  1. Referente al tema de los carteles, lo que pasa es que los políticos no se han percatado de que los de las islas somos españoles y por tanto el idioma español es el castellano, amén de hablar el mallorquín y no el catalán impuesto. el que escribe ésto es un mallorquín de varias generaciones, pero a parte de ser mallorquín, ante todo me siento español.

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