La Unesco reconoce como Patrimonio Inmaterial el cant de la Sibil.la

El Comité Intergubernamental de la Unesco decidió hoy incluir el cant de la Sibil.la de Mallorca, en la lista de Patrimonio Inmaterial.

Este drama litúrgico y canto gregoriano que se interpreta en las iglesias de Mallorca en los maitines de Navidad, ha dado el salto a patrimonio de la UNESCO seis años después de haber sido declarado Bien Inmaterial de Interés Cultural por el Consell de Mallorca.

La “Sibil.la”, canto de un poema sobre el juicio final, el “Judiciaria signum”, acompañado de música gregoriana, que reproducía las profecías de la sacerdotisa de Eritrea, fue trasladado al latín por San Agustín y fue a partir del siglo XIII cuando se canta en catalán, según recoge el Consell, responsable de la candidatura.

Aunque en principio se representaba acompañado de una procesión, fue evolucionando hacia la forma actual, en la que se han eliminado la mayor parte de los complementos teatrales.

El origen de este canto se remonta a la Edad Media, cuando muchas celebraciones litúrgicas se acompañaban de dramatizaciones para facilitar su comprensión y la devoción por parte de los fieles. El cant de la “Sibil-la” fue una de las representaciones del ciclo de Navidad que más arraigaron en Cataluña, desde donde llegó a Mallorca con la conquista de Jaime I iniciada en 1229.

El canto, del que se conservan diferentes manuscritos del siglo X, pertenecientes a la liturgia mozárabe, perduró en Mallorca, por su gran popularidad, a pesar de las prohibiciones de los dramas no estrictamente religiosos surgidas del Concilio de Trento (1545)

Logró perdurar porque se continuó representando fuera de su contexto originario, hasta que regresó a la liturgia con la reforma del Concilio Vaticano II en el siglo XX.

Si bien al principio el canto lo interpretaban sacerdotes, fueron sustituidos con el paso de los siglos por un niño cantor. Actualmente en la mayoría de las iglesias sigue siendo un niño el que interpreta y en algunos casos una niña o una mujer.

El cantante suele salir acompañado de dos o más monaguillos que le siguen al púlpito y va ataviado con una túnica blanca y con una espada en las manos, colocada ante la cara todo el tiempo que dura el canto, y con la que al final del mismo hace la forma de la cruz en el aire.

El canto, una de cuyas representaciones más celebradas es la que tiene lugar en los maitines de la catedral de Mallorca, es uno de los ejemplos vivos del folclore religioso medieval, del que quedan escasas muestras y destaca por su singularidad y relevancia cultural.

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