El robo de cuentas de correo, un “juego” de niños con penas de cárcel

El robo de cuentas de correo electrónico se ha convertido en “un juego” para muchos menores, que suelen desconocer que el uso de la información personal que obtienen a través de esta práctica puede conllevar diversos delitos con penas que pueden sumar penas seis u ocho años de prisión.

Cuando se les informa de que lo que creen un juego es un delito, algunos jóvenes “se llevan las manos a la cabeza”, ha afirmado a Efe el jefe del grupo de Delitos Tecnológicos de la Comisaría de Policía de Málaga, Antonio Domínguez.

Los chavales “juegan” a averiguar la contraseña de los correos de otras personas, normalmente amigos o conocidos, para lo que deben acertar la palabra secreta que pide el servidor de Internet para permitir el acceso en casos de error u olvido.

Esto no les resulta muy complicado si conocen al titular de la cuenta y sus aficiones, y en algunas ocasiones también consiguen la información a través de las redes sociales, ha apuntado Domínguez.

Los “ladrones” de cuentas de correo pueden incurrir en los delitos de descubrimiento de revelación de secretos, usurpación de estado civil -si usan el correo de otro- y una falta de vejaciones, injurias o amenazas si emplean esta dirección para insultar o amedrentar a las víctimas, entre otros delitos.

El aumento de las denuncias también se debe a una mayor concienciación de la población, incluida la menor de edad, para lo que se ofrecen charlas en centros escolares, en las que se recomienda a los alumnos una serie de normas de seguridad y se les advierte sobre lo que “no deben hacer”.

Entre las advertencias figura la de que no hablen con quien no conocen a través de la cámara web, puesto que hay adultos que se hacen pasar por menores y luego acosan a las víctimas, principalmente chicas, lo que se conoce como “grooming”.

Otra práctica que se da actualmente entre los menores es el “sexting”, que consiste en el envío de imágenes de desnudos o contenido sexy a través de los teléfonos móviles, cuyo peligro reside en que una vez que se transmite la fotografía se “pierde el control” de ésta, según Domínguez.

Además de los menores, la Policía trata de involucrar a los padres en la prevención de los delitos tecnológicos, con consejos como la instalación del ordenador en una zona de paso del hogar y que el menor acceda como usuario limitado para que no pueda instalar software.

A los progenitores también se les avisa del riesgo de descargarse sin saberlo archivos de pornografía infantil mediante enlaces P2P de intercambio de contenidos, ya que suelen estar ocultos con otros nombres y hay usuarios que no revisan a diario lo que se han bajado, con lo que al dejarlo en el ordenador varios días se convierten en sus distribuidores. EFE

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