Alfredo Pérez Rubalcaba: “Yo no pediría ningún rescate”

El líder socialista concede una entrevista a la agencia COLPISA, realizada por Paula de las Heras, donde sostiene que “dar caña es lo más fácil. Buscar pactos es más difícil, pero es lo que necesita España”.

Seis meses después de haber sido nombrado secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba asegura que el Gobierno ha metido en la UVI a un país que solo estaba ‘en planta’ y reitera su oferta de colaboración para recortar el déficit sin dañar al Estado de bienestar. Algo que, dice, es posible.

‐ Dice usted que España está pagando carísima la pertenencia al euro. ¿Tiene claro cuál sería el coste de estar fuera?

‐ Impensable. Nosotros tenemos una economía con problemas y, si no estuviéramos en el euro, tendríamos una prima de riesgo de 250 o 300 puntos básicos, pero no de 600. Ese sobreprecio se debe a que pertenecemos al club del euro y a que hay gente especulando con la idea de que el euro se va a romper. Lo que quise decir al resto de miembros de ese club es que lo razonable es que nos ayudemos los unos a los otros.

‐ ¿No estaba defendiendo que España salga del euro?

‐ No. Sería costosísimo. Es verdad que a veces el cuerpo te pide hacer ‘anti‐Alemania’, pero lo que hay que hacer es un esfuerzo por convencer a Alemania. Tiene que ser consciente de los riesgos. Europa es un proyecto fundamentalmente social, por eso la socialdemocracia lo ha defendido con uñas y dientes. No puedes, a base de ajustes sociales, sacar a la izquierda europea de ese proyecto. Ese día Europa estará muerta.

‐ ¿Si estuviera en la piel de Rajoy pediría ayuda al fondo de rescate?

‐ Yo no pediría ningún rescate. Jugaría nuestras armas, que son políticas. Hay que decir a nuestros socios que montamos entre todos un club y nos olvidamos de poner cerraduras en las puertas. Pues lo razonable es que si hay que llamar al cerrajero lo paguemos entre todos.

‐ Pero entre que el cerrajero se decide a venir e instala las cerraduras nos vamos por el desagüe, ¿no?

‐ Tenemos que agotar nuestras capacidades antes de recurrir a algo que a Alemania puede gustarle mucho pero a España le va mal. Lo que le pido al Gobierno es que pelee. Que la crisis se ha recrudecido en los últimos quince días y he visto al presidente italiano, Mario Monti, moverse en Europa como el ‘bosón de Higgs’ y a Rajoy en Moncloa.

‐ Tampoco parece que a Monti le haya servido de mucho…

‐ No lo sabemos. Es verdad que Draghi ha defraudado a Monti, a Rajoy, a Obama a Hollande y a medio mundo. Pero por lo pronto, Monti fue a Finlandia y consiguió que su primer ministro, que pertenece al ala dura y más inflexible, reconociera que los costes de financiación de España e Italia no se corresponden con su situación.

‐ La directora del FMI dice que España ya hace lo que se le pediría si estuviera bajo un programa de ayuda pero los mercados nos piden un 7% de interés ¿De verdad no interesa ir al rescate y obtener dinero más barato?

‐ Pedir el rescate tiene un problema reputacional. Pero además puede suponer una condicionalidad terrible. Y la sensibilidad de quien decide por ti no tiene por qué ser la tuya, ni la del Parlamento español ni la de la mayoría social.


‐ ¿No estamos ya en esa tesitura?

‐ No.

‐ ¿Tenemos libertad para elegir?

‐ Tenemos un margen de libertad, sin duda. El Gobierno aplica un conjunto de medidas que son suyas. Es verdad que algunas estaban en las recomendaciones de la UE…

‐ Recomendaciones de obligado cumplimiento…

‐ No, solo las macroeconómicas. Si subes el IVA o no es algo que puedes discutir con la UE. Cuánto lo subes también. La única recomendación obligada era la que se refiere al impuesto de la vivienda. Puedes decir a Europa: «No voy a subir el IVA pero voy a crear un impuesto de grandes fortunas». A Portugal sí que le dicen: «Los pañales: al 3%». Pero nosotros no estamos ahí.

‐ ¿Se ve capaz de convencer a los ciudadanos de que con usted no estaríamos como estamos?

‐ Diré lo que no habría hecho. No habría escondido el presupuesto tres meses. No habría hecho el desastre de gestión de Bankia que ha hecho el Gobierno. No me habría pasado siete meses hablando mal de mi país diciendo que todo funciona muy mal, que las autonomías son muy malas, que el Banco de España no funciona. No me habría cargado la reputación del país simplemente por echar la culpa a los otros.

‐ ¿Y qué habría hecho para rebajar el déficit? Ahí ya no vale decir qué no haría…

‐ Habría empezado por hacer algo que no ha hecho Rajoy: reunir a todo el mundo para ver por dónde salimos, porque la situación de España es muy compleja. Que nos vean juntos en torno a cuatro o cinco objetivos nacionales es bueno y eso nadie me lo quita de la cabeza. Habríamos creado un impuesto para las grandes fortunas, que da mucho dinero. Habría puesto una tasa mínima del impuesto de sociedades. Eso nos habría dado ingresos para, por ejemplo, no cargarte el desempleo. Los 400 euros para los parados de larga duración, que el Gobierno va a eliminar, cuestan 200 millones de euros. Con el impuesto de sociedades pagas 20 veces eso.

‐ Pero esas medidas las planteó cuando suponía que habría que reducir 16.000 millones. El déficit del 6% se fue en 2011 al 8,9%…

‐ Es que también habría negociado de otro modo un nuevo calendario con Bruselas. Sin esconder nada. Habría explicado que la desviación de las comunidades se debió a una caída de ingresos. Creo que habría logrado mayor flexibilidad.

‐ Habla usted de buscar un gran acuerdo. ¿La urgencia del momento no lo hace inviable?

‐ No se trata de estar discutiendo meses. Ni de pactar hasta la letra más pequeña. Admito que tiene que haber un margen para la política. En todo caso, es mejor esperar un tiempo que hacer las cosas como se están haciendo, con tensiones, sin acuerdo y sin explicaciones. Tenemos que decidir colectivamente, por ejemplo, cuántos ingresos necesitamos para sostener un sistema social que, nadie dice que no, hay que revisar. El Gobierno está pegando palos de ciego aquí y allá recortando gastos en sanidad y educación. Luego cada comunidad hace lo que puede y el resultado es el monstruo de Frankenstein.

‐ ¿Entiende a los que en su partido le acusan de blando?

‐ Es normal que un partido que deja el poder tenga dudas. Hay a quien le gustaría que pagáramos al PP con la misma moneda. Pero ni es políticamente correcto, ni moral. Dar caña es lo más fácil. Buscar acuerdos es lo difícil, pero seguramente es lo más importante para España en este momento.

‐ ¿Qué plazo de tiempo se da para evaluar si su estrategia funciona?

‐ Creo que el Gobierno no ha querido dialogar porque pensaba que las medidas que está tomando, en parte, las pagamos nosotros. Y, mientras la herencia recibida le ha servido, ha aplicado su política. Pero eso se está acabando. ¿Va a cambiar el Gobierno su actitud? No sé, pero si te van diciendo ‘no’ y ‘no’ tienes que establecer tus alternativas con más nitidez. Yo ahora me siento libre para decir o hacer cualquier cosa en respuesta a los ajustes de Rajoy porque no hemos sido consultados.

‐¿El Gobierno merece una huelga general como la que se avecina?

‐No es mi papel convocar huelgas generales, pero que ha conseguido irritar a todo el mundo es seguro. La reforma laboral por ejemplo tiene consecuencias inmediatas, más despidos, y tiene una pretensión, que es sacar a una buena parte del tejido empresarial del marco de la negociación colectiva. Eso es tanto como desproteger a los trabajadores más vulnerables. Es un cambio muy radical y por lo tanto merece un reproche social, sin duda.

‐ No rentabilizan ustedes en apoyo esa irritación de la que habla…

‐ El PP está bajando más deprisa de lo que sube el PSOE y eso es normal. Entre otras cosas porque hace ocho meses gobernábamos. ¿Qué va a pasar con eso? Creo que es demasiado pronto para sacar conclusiones. Pero en las elecciones andaluzas subimos dos puntos respecto a las generales. Aquello fue un partido de revancha clarísimo.

‐ Quienes hacían campaña por usted en las primarias le presentaban como un proyecto de transición, como el hombre que debía reconstruir el partido para dejarlo en manos de otro…

‐ No sé si me presentaban así pero desde luego no es mi idea. Yo me presenté a secretario general por la misma razón por la que me presenté a las elecciones. Tomé la decisión de cambiar mi perspectiva vital cuando ya estaba de salida, y lo hice porque pensé que podía ser útil a mi partido en un momento difícil. Eso no significa estar en transición. Es tratar de organizar el partido para salir de una situación muy complicada.

‐¿Y se siente con fuerzas de volver a presentarse a unas generales?

‐Sí, me siento con fuerzas. Pero con la misma convicción que digo que me siento con fuerzas digo que quedan tres años y medio y en este momento hay tantas cosas. Hay mucha gente que te dice lo que le pasa, que lo está pasando mal, y te pregunta “¿cómo vamos a salir de esta?”. Lo que nadie me pregunta es si yo voy a ser candidato.

‐¿Me está diciendo que da igual que sea usted o sea otro?

‐No. Digo que un partido se tiene que ocupar de lo que importa en cada momento. Me sentiría mezquino, no me podría mirar al espejo, si en este momento gastara un minuto de mi tiempo en pensar qué va a ser de mí dentro de tres años.

‐¿Quién manda más, usted o José Antonio Griñán?

‐¿En la comunidad autónoma de Andalucía? Griñán: todo. Es el presidente.

‐¿Y en el PSOE?

‐El secretario general tiene más competencias. Pero no oculto que las grandes decisiones las consulto con él. Y además, estamos muy de acuerdo.

‐ ¿Usted se habría levantado de la mesa del Consejo de Política Fiscal y Financiera?

‐ El problema de ese consejo es que te colocan un parámetro de referencia de obligado cumplimiento para la deuda, del que no te han hablado nunca y que además te asfixia económicamente. Y cuando protestas te dicen: “Lentejas, si quieres las comes y si no las dejas”. Es muy fuerte. Este es el problema de Montoro. Puede intentar convertir el CPFF en la Academia militar de Zaragoza. Error. Lo que yo le digo es: busca la colaboración. Si al final todos estamos de acuerdo en que hay que hacer ahorros.

‐ Cataluña, Valencia y Murcia han anunciado que acudirán al Fondo de Liquidez Autonómica y es más que probable que otras sigan sus pasos ¿Ha fracasado el Estado de las autonomías?

‐ No. En todo caso podríamos interpretarlo como el fracaso de la financiación del Estado de las autonomías. Hay un desajuste entre los ingresos y el gasto, pero también lo hay en el Estado. Tiene que ver con lo que ingresábamos de la burbuja inmobiliaria.

‐ ¿Qué ahorro puede suponer la eliminación de duplicidades?

‐ Ahorro puede suponer. También puedes hacer más eficiente el gasto. Ahora, el Gobierno está haciendo muchos juegos malabares. Cuando dice que va a quitar el 30% de los concejales tiene que explicar que el 80% no cobran. Y por lo tanto no ahorras, quitas democracia. El presidente de Galicia dice que va a quitar un 20% de los diputados y en la práctica lo que va a hacer es cambiar la distribución de los diputados por provincias para tener más diputados donde él tiene más porcentaje de voto. Eso se llama pucherazo. Hay otras formas de reducir un 20% el gasto de un Parlamento.

‐ ¿Y el PSOE está dispuesto a estudiarlas?

‐ Menos democracia, no. Menos gastos, lo que quieran. En Castilla‐La Mancha ha aumentado el número de diputados porque al PP le interesa que haya más en algunas provincias. En Galicia le interesa que haya menos y propone menos. Pero eso no es un proyecto político, es una cacicada electoral. Me parece bien revisar el funcionamiento de los parlamentos, pero revisemos los costes. Una cosa es ahorrar y otra disminuir la democracia y que desaparezcan todos los partidos pequeños de los ayuntamientos que es lo que pasará con la reducción del número de concejales.

‐¿La gestión del actual ministro del Interior favorece el final definitivo del terrorismo?

‐ La política antiterrorista debe estar pactada entre los grandes partidos. Reclamé sin éxito durante mi gestión esa lealtad al PP cuando estaba en la oposición y yo la voy a tener. Las cosas que tenga que decir se las diré al ministro y al presidente del Gobierno.

‐ ¿Acierta el Gobierno al acabar con la ‘vía Nanclares’ que usted abrió y apostar por el plan de reinserción?

‐ La vía Nanclares fue una política penitenciaria que establecimos para dar un tratamiento distinto a aquellos presos de ETA que no solo habían abandonado la banda sino que estaban dispuestos a recorrer el camino de la reinserción conforme a las pautas legales. Eso funcionó y permitió poner de manifiesto que el colectivo de presos de ETA estaba fracturado. Cumplió un objetivo. Acabada la violencia lo lógico es que la política penitenciaria se adapte y tenga elementos distintos. Entiendo que eso es lo que está haciendo el Gobierno.

‐ ¿Qué camino tiene que recorrer aún Batasuna?

‐ Siempre he pensado que hay sectores de Batasuna para los cuales el abandono de la violencia tiene un sentido táctico, no moral. Y eso es un problema. Desde el punto de vista de la política antiterrorista es eficaz, porque lo dejan, desde el punto de vista democrático tiene sus limitaciones.

‐¿Y eso supone un riesgo de que ETA acabe resurgiendo de sus cenizas en el futuro?

‐ En este momento, no veo ese riesgo. Creo que la decisión de ETA es irreversible y definitiva. Creo que la violencia ha desaparecido para siempre en Euskadi y España. Siempre pudiera pasar que como sucede en el IRA, diez años después apareciera una escisión. Pero en este momento no lo veo posible. La ETA que vivimos en los 80 y los 90, eso ya no va a volver a pasar nunca.

‐¿Patxi López tiene recorrido político fuera del País Vasco?

‐Sí.

‐¿Hay que esperarle en Madrid?

‐Espero que gane en Euskadi. En este momento dedica el 99% de su trabajo a ser ‘lehendakari’, pero que es un líder nacional, que no le quepa a nadie ninguna duda.

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