Maruja Torres llamó a Cebrián “pijo cateto y sardinilla que se creía tiburón”

La próxima semana El País se enfrenta a una huelga que puede ser secundada por más del 90% de su plantilla es una respuesta al ERE planteado por Prisa para su periódico de cabecera, es una más de las acciones que se están viviendo constantemente en la redacción del diario, el Comité de Empresa en su blog resume el día a día de lo que está sucediendo.

“La escena se repite a diario. En medio de la producción, los redactores del periódico más importante de España abandonan sus puestos y se concentran ante la sala acristalada en la que se reúne la dirección. En silencio y con un periódico en la mano denuncian la intención de la empresa de despedir a 149 de los 460 empleados y de recortar un 15% el salario del resto.”

El comité de empresa ha llamado a la huelga la semana que viene (de martes a jueves) y el 92,6% de la plantilla ha secundado la protesta en una votación. “Con esta drástica reducción difícilmente se podrá mantener la calidad periódico”, dice la carta a los lectores repartida por los periodistas en los quioscos de Madrid.

La dirección se muestra imperturbable. Los despidos son “dolorosos” pero “necesarios” para reducir los costes y asegurar el futuro del rotativo. “No podemos seguir viviendo tan bien”, afirmó el presidente de EL PAÍS y de Prisa, Juan Luis Cebrián, al anunciar sus planes.

Cebrián, que cobra al año 13 millones de euros, habló de la caída de los ingresos por publicidad a menos de la mitad en los últimos cinco años, del retroceso de la difusión en España en un 18% en el mismo periodo, de la crisis del sector, que ya se ha cobrado 8.000 puestos de trabajo entre los periodistas.

Sin embargo, EL PAÍS sigue dando beneficios. El año pasado fueron 12 millones de euros y en el primer semestre de 2012 aún se alcanzaron los 1,8 millones.

Pese a ello, Cebrián advierte de que sin una reforma de su estructura el periódico entrará en pérdidas. Hace falta un nuevo proyecto; los periodistas de más de 50 años no están preparados para el futuro, añadió el presidente de Prisa, que celebró pocos días después su 68 cumpleaños.

“No hay ningún avance en la negociación”, lamenta Manuel González, presidente del comité de empresa. A los despidos de EL PAÍS se les aplicará la reforma laboral aprobada por el Gobierno conservador de Mariano Rajoy, a la que replicó con pluma afilada el periódico. La reforma laboral no exige pérdidas para dar vía libre a los despidos colectivos, le valen tres trimestres consecutivos de caída de ingresos. Que sea precisamente Cebrián el que saque la tijera duele especialmente. Fue cofundador de EL PAÍS y el primer director del periódico, que salió a la calle en 1976 pocos meses después de la muerte de Franco y se convirtió en emblema y precursor de la España democrática.

“Somos las víctimas de los errores de Cebrián”, se queja González, para quien la historia de Prisa es la historia de una burbuja inversora. A golpe de préstamos se crearon televisiones, se compraron medios dentro y fuera de España. Y la última conquista ha sido la web norteamericana The Huffington Post en español.

EL PAÍS, un periódico con ediciones regionales potentes en muchos puntos de España, puso el foco sobre los lectores de Internet en América Latina y pasó a ser el “periódico global en español”; elpais.es se convirtió en elpais.com. Con las múltiples inversiones Prisa acabó acumulando una deuda de 5.000 millones de euros y en 2010 dio entrada al fondo norteamericano Liberty. Los inversores llegados de la mano de Nicolas Berggruen controlan desde entonces la mayoría en Prisa. La familia de Jesús Polanco, el fundador de la compañía y de EL PAÍS, fallecido hace cinco años, fue apartada y Cebrián se convirtió en el hombre fuerte. “EL PAÍS fue la vaca a la que se ordeñó para financiar todos los planes”, explica un redactor.

Los números le dan la razón: entre los años 2000 y 2011, el periódico arrojó unos beneficios de 851,8 millones de euros. Todos los fines de semana se vendían con EL PAÍS colecciones de CD y DVD, enciclopedias e incluso cámaras y ordenadores con los que se ganaba bastante más que con el propio negocio del periódico.

“El dinero fluía, la gente gastaba sin problemas 10 euros en el quiosco”, cuenta González. Con la crisis se acabó ese negocio. EL PAÍS ya no puede sacar del fango el pesado carro de Prisa.

“Cebrián es un pijo cateto que quería ser un tiburón en Wall Street, pero ha sido una pequeña sardina que lo ha hecho todo mal”, resumió la columnista estrella de EL PAÍS Maruja Torres durante una conferencia en la universidad de Barcelona.

Deja un comentario / Mallorca Confidencial no se hace responsable de los comentarios vertidos en su web.