“Cada día llegan a Bruselas españoles desesperados sin saber ni francés ni inglés”

Bruselas. Marta Alonso Centenares de jóvenes españoles marchan contra el exilio forzado.

España lidera la tasa europea con un 55% de paro juvenil. Este escenario empuja a muchos jóvenes a buscar un trabajo en otras capitales de Europa. Bajo un lema unitario “No nos vamos, nos echan” se han convocado manifestaciones en más de 33 ciudades europeas, como Bruselas, París, Londres y Berlín, entre otras, con la coordinación del colectivo “Juventud sin futuro”, surgido del fenómeno del 15M. En la capital europea, más de 150 jóvenes españoles residentes se han concentrado en la plaza de España para protestar y visibilizar su exilio por culpa de la crisis. Critican la falta de oportunidades y la precariedad laboral del estado español.

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Las historias de estos jóvenes son muchas y variadas, pero con un destino en común: lejos de su tierra natal. “La vuelta a casa, para navidades y vacaciones” comentan e incluso algunos, como Pablo, especulan en jubilarse en Bélgica. Él llegó hace 3 años a Bruselas desde Galicia, ahora trabaja como responsable de logística en Greenpeace y después de vivir en varios continentes, hoy siente que es “un viaje sin retorno”. “Cada dia llegan españoles con situaciones muy desesperadas sin saber ni frances ni ingles. Esto no es un paraíso laboral, pero al menos hay más oportunidades” se sincera Pablo.

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Sentirse útil es una de las metas de estos jóvenes sin futuro, así lo cuenta Lara, diplomada en Magisterio y ahora recepcionista en un albergue. Accedió a este puesto para mejorar su francés pero sobretodo para poder trabajar. Otros han tenido más suerte y han podido encontrar un trabajo acorde con su formación. Irene, 32 años, licenciada en ciencias ambientales con un master, la seleccionaron en dos puestos de trabajo fuera de España. “Creía que mi currículum no era lo suficientemente bueno, que me faltaba experiencia, pero no era así”. Vicent de Valencia, con 28 años, formado como terapeuta ocupacional, encontró trabajo en 15 días en una residencia de ancianos. Luce un contrato indefinido y a jornada completa, mientras que en Valencia le ofertaban una jornada parcial y 800 euros de remuneración (con la incertidumbre de no cobrar por ser un centro público), a día de hoy, la chica que accedió al puesto de trabajo lleva meses sin cobrar.

Durante el recorrido de la manifestación, desde la plaza España hasta la mítica Bourse, punto de encuentro de las manifestaciones en la capital europea, se vitorean gritos contra la corrupción, los recortes, la monarquía y la política europea. Entre los manifestantes, se observan jóvenes y no tan jóvenes, con más de 30 años, con experiencia de años pero que trabajan de becarios. Es la historia de Adela, periodista – uno de los sectores más afectados por la crisis, después de la construcción – que tímidamente reconoce su edad, 33 años, becaria de la Comisión Europea. “Siento que me han echado, exploras opciones fuera cuando ya has barrido todas las posibilidades dentro. Ahora, no podemos volver, ¿volver para qué? ¿para hacer qué?” afirma indignada Adela. Con este escenario negro que describe, intentara resistir en Bélgica cuando acabe su beca, siguiendo ejemplos de éxito como el de una compañera de profesión, Esther de 30 años, que trabaja a día de hoy en el Parlamento Europeo con contrato. “En España es una vergüenza, te siguen ofreciendo trabajo de prácticas con experiencia de años con una retribución ridícula” afirma Esther. Y a la pregunta de si sueña en volver a casa, responde: “Ya no puedo volver a España, nosotros no somos expatriados, ahora nos sentimos emigrantes, es decir no tenemos opción de regresar, es la gran diferencia”.

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