Llamar a un Conseller de Bauzá “fascista” cuesta 240 euros

La titular del Juzgado de Instrucción número 4 de Palma, Piedad Marín, ha condenado a un ciudadano a pagar 240 euros de multa por una falta de injurias y otra de maltrato de obra, a raíz de los insultos que profirió en la calle al conseller de Turismo del Govern, Carlos Delgado, a quien increpó llamándole “fascista” y “payaso” y diciéndole: “te faltan los huevos en la cabeza, ¿dónde están los huevitos?”.

Según la sentencia dictada por la magistrada, sobre las 21.00 horas del pasado 11 de enero, el hombre se acercó a Delgado al verle por la Avenida Argentina de la capital balear y comenzó a hacerle gestos alusivos a unas fotos publicadas en prensa en las que aparecía el conseller con unos testículos de ciervo en la cabeza, motivo por el que “una y otra vez le preguntaba por los huevitos”.

El conseller, tal y como relata la jueza en su resolución judicial, no contestó y prosiguió con su paseo con su mujer, mientras el acusado le seguía de cerca y continuaba insultándole, hasta que a la altura de la calle Caro hizo amago de adelantar a la pareja y, estando al lado del conseller, le zancadilleó sin que Delgado llegara a caer al suelo.

Tras este incidente, y en esta ocasión por la calle Fábrica, el hombre se situó detrás del titular de Turismo repitiendo que era un “payaso”, actitud en la que cesó al ver que Delgado, soltando a su esposa, sacaba el móvil y comenzaba a grabarle. La sentencia apostilla cómo dos semanas después ambos coincidieron en una pastelería, en la que el acusado le pidió disculpas.

En sus fundamentos de derecho, la jueza considera “contundente, congruente y lógica” la narración que de los hechos efectuó el exalcalde de Calvià, quien señaló que no conocía con anterioridad al denunciado, por lo que, incide la magistrada, “no cabe en consecuencia hablar de un móvil de resentimiento, venganza o similar”. Una deposición coincidente con la de una testigo que, no siendo su esposa, ofreció “una clara impresión de veracidad”.

Tal y como apunta la sentencia, el ánimo que guiaba al acusado el día de los hechos “era de todo menos amable, como claramente se desprende de sus palabras” cuando reafirmó que “tenía ganas de decirle que se metiera el dedo por donde le cupiera”.

En esta línea, destaca la resolución cómo el conseller explicó que estaba preocupado por su mujer, embarazada, al ser seguidos por una persona que no dejaba de insultarle y portaba “un tablero de ajedrez”, al tiempo que resalta la forma en que Delgado reaccionó “para ahuyentarle y obtener pruebas, sacando el móvil y grabándole”. “Es absurdo que [de ser inciertos los hechos] el denunciante se tomase la molestia de grabarle con el móvil y formulase, una vez identificado, una denuncia que ningún beneficio le reporta”, incide.

EL DENUNCIADO ALEGÓ QUE “NO LE PERSIGUIÓ INSULTÁNDOLE”

La jueza señala que frente a las “notas de solidez y firmeza” que adornaron la declaración de Delgado, el relato del inculpado estaba “jalonado de ambigüedades”, al asegurar no recordar lo que le dijo a Delgado, “puede que payaso”, y recordar que el denunciado iba por delante, tranquilo, y el conseller por detrás, y que por lo tanto “no le persiguió insultándole”.

El acusado explicó asimismo que ambos compartieron trayectoria y que fue el alto cargo del Govern quien le adelantó, momento en el que, según justificó, “hubo un roce de piernas, iban pegados y se produjo un traspiés que no fue deliberado”. A lo que la magistrada da “nulo crédito” al considerar “ilógico que el vituperado, que iba de la mano de una mujer embarazada, le adelantase y ‘casualmente’ existiese tal invasivo contacto físico, con tropezón incluido”.

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