Indignación en el Govern: la eficacia de la Ley de Símbolos, en entredicho

Dos de los municipios más poblados de la Part Forana han aprobado mociones que, en la práctica, designan la bandera cuatribarrada como símbolo local y permiten que en sus institutos se pueda exhibir ‘el lazo maldito’

Quedan pocos días y la cosa empieza a pintar mal. La Ley de Símbolos entra en vigor el próximo lunes 20 de enero, pero lo que algunos ya denominan en los mentideros políticos como la jugada Torres-Pastor ha puesto en tela de juicio su eficacia. Ambos alcaldes (sin ninguna intención de aliarse) han visto cómo sus consistorios aprobaban estos días la autorización de la bandera cuatribarrada como símbolo local. Torres no tiene voluntad de desairar a su partido. Pastor sí busca erigirse como una especie de aldea asterixiana frente al imperialismo españolista de Bauzá (votos regionalistas para su Proposta per les Illes -PI-). En la práctica, ambos municipios han sorteado la ley de símbolos que con tanta polémica sacó adelante el president y lo han hecho acogiéndose precisamente a las excepciones locales que el texto permite. Los lazos catalanes colgados en fachadas públicas como las de los institutos serán posibles en aquellos lugares que autoricen la cuatribarrada como símbolo propio, es decir, el Govern no podrá sancionar con multas de hasta diez mil euros a quien lo ponga y mantenga. “Entonces, ¿podrán poner los lazos?”, pregunto en el Consolat. “Sí. Si el pleno lo aprueba pueden ponerla sin problema. Donde no esté aprobado especialmente sí que podría actuar la conselleria de oficio de acuerdo a la ley”, responden en el Ejecutivo, donde la nueva afrenta de Pastor ha escocido. Fuentes del partido afirman que “lo de Torres no es lo mismo, aunque algunos periodistas se empeñen. Él se centró en que su escudo lleva un galgo, las cuatro barras y no sé qué más. No es lo mismo que lo de Pastor”. No es lo mismo, pero servirá para lo mismo. En fin.

 

Bauzá, el más ‘pro vida’ del Govern. No tiene hijos, pero el president es el mayor defensor de la reforma de la actual ley del aborto. “Él cree en este proyecto”, dice una de sus colaboradoras. Bauzá admite en público que debe mejorarse el texto de Gallardón y, en privado, que esa mejora pasa únicamente por incluir el supuesto de malformación en el feto, tal y como defendió su conseller Martí Sansaloni, a quien no desautoriza como pide el Instituto de Política Familiar, pero tampoco refrenda explícitamente. No vaya a ser que los autodenominados pro vida le pidan a él también la dimisión. En todo caso, en lo único que están de acuerdo todos los consellers es en que este debate del aborto “perjudica al partido”. Por cierto, hablando del Instituto de Política Familiar, les voy a poner un ejemplo para que se hagan cargo. Un día llamé a su delegado Agustín Buades. Me cogió el teléfono desde Bruselas. Estaba haciendo lobby internacional para luchar contra la investigación con células madre. Ciencia versus religión. Eterna lucha.

La legislatura ha acabado; empieza la precampaña. En el Consolat de Mar dan por cumplidos los principales objetivos ideológicos de esta legislatura: el catalán no es un requisito, tampoco la lengua base en la educación y la bandera cuatribarrada está prohibida en los institutos e instituciones (salvo jugadas como la de Antoni Pastor). Ahora solo quedan los objetivos sociales: recuperación económica que lleve a la creación de empleo (véase, presionar a los hoteleros para que contraten más y mejor). Lamentablemente en el Govern saben que siempre que se han salido de las políticas lingüísticas han tenido que recular. Los empresarios presionaron a Bauzá desde Madrid contra la subida de impuestos y la retiró (costó un conseller). Los médicos le presionaron desde Mallorca contra el cierre de los hospitales sociosanitarios y rectificó (costó dos consellers). Por eso no está claro cómo se va a conseguir la prometida creación de empleo si los hoteleros, que ya han obtenido las bulas burocráticas que pidieron hace años, no ayudan. Bauzá prometió empleo y saneamiento de cuentas, pero desde la oposición le recuerdan que “se hizo una foto en campaña electoral con un parado en su casa de Llucmajor” y hoy hay 343.000 cotizantes (trabajadores), ocho mil menos que hace dos años cuando llegó al poder. También están las arcas de la comunidad. Hoy registran 6.700 millones de deuda, dos mil millones más que cuando tomó posesión del cargo (aunque el Govern afirma que buena parte de ese dinero son facturas pendientes que dejó el pacte, “herencia recibida”). En definitiva, Bauzá necesita cumplir empleo y deuda para ‘venderse’ en el año y pico que resta hasta la reelección, pero no hay conejos en la chistera para lograrlo y, de momento, está más lejos de lograrlo que hace dos años.

Mientras, el partido continúa dividido (tantos alcaldes protestando en la calle es lo nunca visto en las islas) a pesar de tener la mayoría más vasta de la historia (35 diputados pese a tener los mismos votos que Matas; ahora 34 escaños tras la expulsión de Pastor). “Bauzá pasará a la historia del PP balear por desaprovechar la oportunidad de acabar con los partidos regionalistas de derecha”, dice un ex conseller uemita. El president sabe que las encuestas internas hunden sus perspectivas de mayoría absoluta en 2015 y que necesita limar la sensación de dureza que transmite. De ahí que a Rafael Torres no le haya caído un chorreo por su ‘desliz’ con el símbolo-senyera. De ahí también vienen sus giros al diálogo (de forma, disculpas a Carme Riera y a Toni Pastor en el Parlament; no de fondo, los deseos de los docentes no serán concedidos). Gestos colmados de impostura y forjados por dos meses de mayo: el de 2014 (europeas) y el de 2015 (regionales).

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