El liviano peso del president en Madrid

Da igual si se llama Bauzá, Antich, Matas,… el Govern siempre se encuentra un muro cuando llega a la capital para hablar de dinero. Si quien gobierna en La Moncloa es del mismo partido, al líder insular de turno solo le queda sonreír aunque sepa que le están jo… La última, el IVA superreducido. Si no grita más es porque no le va esa estrategia. Si es por llegar a ministro, en Madrid ya le piden paciencia.

 

El president Bauzá tiene que ensayar la sonrisa ante el espejo del aseo del avión cada vez que viaja a la capital para reclamar dinero. Solo le queda el consuelo de la carrera personal, dice un alto cargo del Govern. Quizá ese “consuelo” de futurible ministerio le compense, pero para quien ya está determinado a presentarse a la reelección balear en 2015, los continuos desplantes del gobierno ‘amigo’ de Rajoy son un trance que obliga a poner a prueba la paciencia. Ejemplos sobran: financiación autonómica injusta, inversiones estatutarias olvidadas, convenios ignorados,… La última afrenta llega a cuenta del IVA turístico, aquel que el PP llevó como punta de lanza electoral para recabar apoyos de hoteleros y restauradores y cuyo tipo superreducido del 4% nunca llega (ahora está en el 10; Zapatero lo dejó en el 8 y Rajoy lo subió a pesar de que situaba el impuesto español como el más elevado para el sector comparado con Francia, Turquía, Portugal y Alemania). Al menos han prometido que no lo aumentarán este año, venía a decir el president en sus declaraciones a los medios. Son las palabras de un líder vilipendiado por sus supuestos aliados. Se agota por tanto una nueva oportunidad de cumplir la promesa electoral y “se da a los empresarios turísticos la excusa perfecta para que digan que no crean empleo porque el gobierno les fríe a impuestos”, señala un líder sindicalista de las islas.

Lo cierto es que Bauzá tiene que poner al mal tiempo buena cara. Su equipo va más allá en el positivismo: “nosotros esperamos que el Gobierno lo baje y cumpla con la promesa electoral”, es decir, descartado 2014, solo queda 2015 antes de acabar la legislatura, véase, antes de las elecciones regionales. La esperanza es lo último que se pierde. Baleares aporta a cada partido centralista (PP; PSOE) cuatro escaños de media por legislatura en el Congreso (4 de los 176 necesarios para la mayoría absoluta). Con esa importancia ven a las islas desde el asfalto de la capital. Y a eso se suma el estereotipo de que “en Baleares atan los perros con longanizas”, forjado a lo largo de los años de plenitud. No se trata de que Bauzá sea ninguneado. Es que el president balear siempre lo es.

Yo creo que los gritos no forman parte del estilo de Bauzá, que él es más de actuaciones sibilinas, pero en todo caso, si el taimado president no levanta la voz con más potencia porque está ‘haciendo puntos’ para un ministerio, sepa que no parece que los de la capital estén muy por la labor de su pronto paso a la escena nacional. A nadie se le escapa que el balear representa (desde la visión peninsular) la imagen renovadora del gallego Alberto Núñez Feijoo y la tradición conservadora de la derecha de la madrileña Esperanza Aguirre. Bauzá, si los juzgados no lo impiden, terminará haciendo política en la capital en la que siempre ha querido triunfar desde su infancia. Ahora bien, tendrá que esperar.

Ya que pasa por las islas aprovechemos para hablar un rato con el presidente del Senado, pensé. Me preguntaba si él ve a Bauzá como inminente ministro en un cambio de gobierno de Rajoy. Tanto rumor, él debía saber si en los pasillos palaciegos sonaba su nombre. Pío García Escudero ríe. Hombre de confianza de Rajoy durante la oposición, alaba el trabajo del president en las islas durante estos tres años de Govern, pero lo tiene claro: “no, no sería lógico que en su primera legislatura pase a ser ministro”. Por cierto, García Escudero dijo públicamente que no podía hablar de la decisión del Constitucional de admitir a trámite el recurso contra el TIL porque desconocía de qué iba esa historia. No era una de esas estrategias de los políticos para escabullirse de preguntas. El presidente del Senado preguntó después en los pasillos si le podían contar detalles del tema. Un político no solo debe ser sensato en sus análisis públicos. También debe parecerlo. Y este lo parece.

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