Y después de las europeas, ¿qué?

Bauzá está “satisfecho” de las europeas pero su equipo admite que tiene un año para movilizar al menos a ese 25% de su base electoral que no fue a votar. Sin ellos, no repetirán en el Consolat. PSOE y Més, preocupados por la irrupción de Podemos. Si Pablo Iglesias no pacta con Izquierda Unida ninguno entrará en el Parlament y darán la mayoría absoluta al PP 

Hablemos de elecciones. Prometo usar cifras redondeadas para no martirizarles con números y más números. Porque la idea es demostrar que las europeas han marcado un antes y un después en el panorama político balear a pesar de que todos se empeñen en decir que sus resultados no son extrapolables a las autonómicas del año que viene. Porque una cosa no quita la otra. ¿Los datos son extrapolables? No. ¿Reflejan una tendencia que todos los partidos toman como encuesta? Por supuesto que sí. 

El PP se fija en el PSOE para sentir que podría ganar las elecciones del próximo mayo por incomparecencia socialista. “En el país de los ciegos, el tuerto es el rey”, comentan entre los diputados populares. Unos y otros (también la otra fuerza parlamentaria, Més) coinciden en que la cita del domingo no constaba de los mismos partidos presentados ni la misma ley de distribución de escaños ni la misma motivación del votante que las regionales de 2015 (las importantes), y cierto es que las europeas dejan una participación inferior al 40% del electorado frente al 60% que suele concurrir a las autonómicas y también lo es que formaciones como Més o el PI no se han presentado, como nadie puede dudar tampoco de que la circunscripción única de las Elecciones al Parlamento Europeo ha aupado a formaciones como Podemos, que sin embargo en un escenario regional carecen de estructura para formar listas solventes en municipios que no sean las capitales. 

En el Partido Popular se repiten a sí mismos que han cumplido los dos objetivos marcados: ganar y aumentar distancia con el PSIB. Lo han logrado gracias a un PSOE consumido hasta el tuétano. Los populares se conforman con ampliar la diferencia con los socialistas a pesar de que ambos ya no ocupan ni la mitad de los votos y de que Cañete, Estarás y los suyos no han conseguido ni 80.000 papeletas en Baleares cuando hace tres años Bauzá rozaba las 195.000. Entonces había una participación que proporcionalmente sería como si ahora hubieran conseguido 120.000 votos. Entonces también la gente de José María Rodríguez se volcó en la campaña en Palma, cosa que no ha sucedido en estos comicios. Todo esto lleva los cálculos conservadores a una cifra nunca superior a 150.000 votos. El resto, unos cincuenta mil necesarios para la mayoría absoluta sin depender de nadie están en silencio, fruto de la desafección, desmotivación, desinterés,… Lo malo, piensan en el PP, es que a un año de las elecciones “falta hacer pedagogía y explicar los éxitos del Govern” (confían para ello en la ayuda de las juntas locales que han “desperezado en esta campaña”. Para eso Bauzá ya sabe que lo mejor es rebajar el perfil en temas conflictivos como el TIL y así enfriar tensiones con algunos munícipes de su propio partido). Lo bueno, dicen, que la mayoría del votante que se ha abstenido el domingo es, según sostienen, afín al conservadurismo. “Solo hay que activarles. No se nos han ido a otros partidos como Vox ni nos han abandonado como al PSOE con Podemos. El partido de Bauzá percibe que necesita movilizar a 50.000 ciudadanos afines que suponen un 25% de su base electoral y para ello ya está planificando una estrategia de campaña que empiece a un año de los comicios. Mientras tanto, el president ve los peores resultados que se recuerdan del PP balear con “razonable satisfacción” porque “somos la comunidad en que más distancia hay de victoria con respecto a la media nacional del partido” y “la región donde, proporcionalmente, más se abre la brecha entre el PP (27% del voto) y el PSOE (22%)”. 

En medio de esa dinámica del PP de centrar su objetivo en el votante tradicional, en medio de esa actitud de fijar rival en el PSOE e ignorar al resto, se entiende la burla generalizada de los conservadores al programa electoral de Podemos y sus propuestas como la jubilación a los 60 y el impago de la deuda española. En el Partido Popular ven a las nuevas minorías de izquierda como ‘amigas’ porque les sirven: 1-para “ridiculizar” el peso y liderazgo del PSOE en el progresismo local; 2-para espolear al simpatizante conservador con ‘el discurso del miedo’ a “una izquierda radical que está ganando peso” y 3-para que el voto de derecha valga más y dé la mayoría absoluta a Bauzá (la segregación del voto de izquierda conlleva muchas veces no llegar al 5% mínimo para obtener escaño autonómico y, por tanto, los votos al partido mayoritario tienen un valor más grande). 

En el PSOE también plantean una visión en clave bipartidista y, si el PP se fijaba en los socialistas, estos se centran también en los populares, como si en la puerta no aguardasen la mitad de los votos actualmente. Francina Armengol estaba este lunes preocupada por el clima de desánimo imperante en la Ejecutiva Federal y desconcertada por el papel que puedan jugar federaciones tan pequeñas como la balear en el panorama que se abre con la andaluza Susana Díaz como mujer todopoderosa (Díaz se enfadó hace meses cuando Baleares hizo las primarias abiertas que ella detesta). En vista del viento frío que sopla desde la capital, la inquera ha decidido centrar todo su trabajo en clave regional y ahí lo que está frío es el sudor al ser conscientes, al igual que Més, de que si Podemos y Esquerra Unida no se unen en 2015, ambas formaciones quedarán fuera de la cámara y no se podrá reeditar un pacto de progresistas. “En Podemos hay gente rebotada del PSM, de IU,… es difícil una coalición, pero sin ella, se van a destrozar las dos marcas en Palma, repartiéndose votantes y regalando la mayoría absoluta al PP”, explica un alto dirigente de Més, que dice que no contemplan ofrecer a Podemos la inclusión en la megacoalición de Biel Barceló porque “no la aceptarían”. 

Uno de los largos debates de las últimas horas entre los partidos de izquierda versa sobre quién ha mandado votantes a Podemos. De los casi 30.000, los socialistas calculan que al menos cinco mil son suyos que difícilmente volverán, los econacionalistas piensan que diez mil (entre ellos una parte de la ‘marea verde’) están de su parte y les votaran en 2015 cuando sí haya candidatura de Més. Todos, incluido el PP, creen que también hay jóvenes que nunca antes se interesaron por la política. 

Apenas autocrítica en unos partidos políticos a los que el poder de las redes sociales gestionadas con cercanía combinado con unas oportunas apariciones en el prime time televisivo les ha dejado en evidencia. Poco programa les ha causado mucho estrago. Y lo peor para ellos, PP o PSOE-Més-EU, aún puede estar por venir.

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