Armengol cede su poder federal a la militancia balear

Rubalcaba pregunta a la líder del PSIB y esta le explica que está dispuesta a renunciar a controlar el voto balear en el Congreso que elegirá al nuevo secretario general del PSOE (la docena de delegados que le correspondían) a cambio de que puedan votar los 2.600 militantes baleares. Se mantenga un congreso cerrado a delegados o se mantenga uno abierto a toda la militancia, Baleares tendrá un 1% del censo que votará.

Alfredo Pérez Rubalcaba ha pedido opinión a todos los líderes regionales sobre el Congreso de julio que decidirá la Secretaría General del PSOE, y por tanto la dirección federal llamada a tutelar la elección en noviembre del candidato a la Presidencia del Gobierno mediante primarias abiertas a la ciudadanía. Al aparato saliente en Ferraz le preocupa una rebelión interna por el modo en que se están precipitando los acontecimientos tras la debacle electoral de los dos grandes partidos, PP y PSOE, el pasado domingo. La opción preferida por la baronesa andaluza Susana Díaz, todopoderosa en el partido a pesar de jamás haber encabezado una candidatura electoral, pasaba por un congreso cerrado como marcan los estatutos, con un millar de delegados de las diferentes regiones en función de su número de militancia (Baleares, 2.600 afiliados, una docena de representantes). Esa opción permitía a las grandes federaciones, Andalucía-Valencia-Cataluña, controlar el resultado. Pero los protocandidatos a las primarias de noviembre han presionado en las últimas horas para que el aparato modifique los estatutos y permita a los más de doscientos mil militantes de toda España votar a la dirección federal. Eso reduce la influencia de los aparatos regionales e incrementa las opciones de gente conocida públicamente como Eduardo Madina.

El PSIB no tiene decidido a quién apoyará oficialmente, pero sí ha optado por mantener la coherencia con el sistema de participación y transparencia iniciado con las primarias abiertas regionales de hace dos meses y Armengol le ha dicho a Rubalcaba que es “partidaria de que puedan votar todos los militantes”. El discurso oficial, a partir de ahora, sostendrá que Armengol ha cedido su poder federal a la militancia balear, ya que renuncia a controlar el voto de su docena de hipotéticos delegados (algo que podría reportarle un apoyo futuro del líder saliente si opta por apoyar al ‘caballo’ vencedor) a cambio de que puedan votar los 2.600 militantes de las islas. En el fondo, la representatividad balear en la decisión final seguirá estando en un 1%, que es lo que supone el PSIB en la base social del PSOE, pero las formas habrán cambiado.

Otra cosa es que Armengol y su equipo directivo ocultan su temor por el devenir del partido y las consecuencias de arrastre que eso tiene de cara a las autonómicas dentro de un año. Si el proceso nacional fracasa, las regiones caen con él. En la calle Miracle sobrevuela la duda de qué pasará con un secretario general votado por doscientos mil militantes. “No podemos negarnos porque se entendería mal por los ciudadanos que cerremos la elección a los aparatos del partido, pero, por otro lado, es difícil que después se hagan primarias abiertas a la sociedad para elegir candidato a La Moncloa. Imagina que los doscientos mil militantes eligen a Susana Díaz y luego se presenta a las primarias contra Carmen Chacón y pierde. Tendríamos un candidato elegido por gente de fuera, en contra de la decisión de nuestra base unos meses antes. Es peligroso para la estabilidad”, dice un alto cargo socialista en los pasillos de la sede.

Es la semana de las dudas en la casa socialista. Duda que preocupan, pero lo justo. Son importantes, sí, pero aquí se influirá poco en la decisión final. Armengol y los suyos, por tanto, están más hipotecados que nunca a lo que se cueza en Madrid, un lugar donde Baleares se ve como provincia con poca base militante. Lo cual, fastidie o no, no deja de ser una realidad.

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