Felipe y el pecado original

Sin duda alguna estamos en los tiempos solo los golpes de efecto llaman nuestra atención. En poco más de una semana los partidos mayoritarios pierden las elecciones (porque las han perdido aunque digan lo contrario); nace un fenómeno que se llama Podemos que les quita el protagonismo a las izquierdas; dimite Rubalcaba; y un rey que parecía que estaba más pegado al trono que una lapa al “Bribon IV” de repente dice que abdica y nos deja a todos fuera de juego.
Vamos algo así como si hubieran subido a toda España en el Shambhalá de PortAventura y nos hubieran dado un viaje. Y, entre subidas y bajadas vertiginosas, hay gente que se tira a la calle exigiendo bien la República directamente, bien que se someta a referéndum el modelo de Estado.

El problema de la monarquía española es que nació con el pecado original de ser impuesta por un dictador. Y pese a que, por suerte para todos los españoles (incluido el propio rey), el nuevo monarca optó por la modernidad y por la europeización de nuestras instituciones, este pecado no se perdona fácilmente.

La opción por la democracia europea y la monarquía parlamentaria le dio una grandísima popularidad y llegó a hablarse de Juan Carlos I “El campechano”, y de los “monarquicanos” o “Juancarlistas”. Y entre el pacto de silencio de la Casa Real con los medios de comunicación, la autocensura impuesta hasta hace pocos años, todo fue más o menos como la seda.

Pero el pecado original está ahí, y Felipe de Borbón, siendo el aspirante a la corona que más preparado ha estado a lo largo de toda la historia de España, todavía resulta un melón sin abrir, o un huevo Kinder si lo prefieren aquellos que su sensibilidad se vea afectada. No sabemos qué es lo que hay dentro de esa envoltura de chocolate que nos enseñan todos los medios de comunicación del país. Y España ya no está para muchos actos de fe, y menos con la familia real en su conjunto.

El pecado original es perdonado mediante el sacramento del bautismo. Y Felipe de Borbón daría un gran golpe de efecto si pusiera su corona a ratificación por los españoles. Una prueba de bautismo. Una prueba de fuego que le permitiría estar legitimado a él y posiblemente a toda su línea sucesoria a la corona por muchos años más.

Si al final la gente solo quiere votar, y si Felipe es el candidato más preparado para la corona, también la sociedad española es la más preparada de toda la historia. Y seguro que hará aquello que más le conviene a todos. Un poco de valentía y solventado el problema.

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