El Rose Joan navega con aparejo de windsurf

Botado en 1949, el velero de época Marconi Rose Joan atesora grandes experiencias que recoge su cuaderno de bitácora, como la “difícil” travesía realizada hace sólo escasos días atravesando el Golfo de León para llegar a Mallorca. Sin embargo, sus 14,48 metros de eslora “concentran varios capítulos de la navegación del siglo XX que le convierten en algo más que un barco con historia”.

Su propietario y capitán Jacques Hauvette, junto a su mujer Anne y otros seis tripulantes, recalan por primera vez en el Club de Mar Mallorca para participar en el XX Trofeo Illes Balears Clàssics a bordo de una embarcación que se realizó a partir de un diseño anterior a la II Guerra Mundial en los años posteriores a la contienda, cuando la ingeniería naval experimentaba en otras direcciones. El resultado: un barco de época con aparejo wishbone, excepcional en la navegación marítima pero mundialmente extendido en el mundo del windsurf.

“El Rose Joan fue el primer gran barco construido tras la II Guerra Mundial en Alemania, en el astillero líder Abeking & Salomon”, señala Hauvette. Su primera particularidad es que el velero, un diseño de Heinrich Rasmussen, “pertenece a la generación de embarcaciones que comenzaron a construirse en los años 30 para participar en las primeras pruebas marítimas que se organizaban alejándose de la costa. Barcos fuertes y rápidos con grandes cualidades para las competiciones en alta mar y transatlánticas”, destaca el capitán, cuyo diseño sobrevivió a la guerra convirtiéndose en base para la construcción del Rose Joan.

En los años posteriores al conflicto bélico, la ingeniería naval comenzó a trabajar en nuevos modelos de embarcación que trataban de reducir la tripulación. “Esto motivó que las velas comenzaran a hacerse más pequeñas para facilitar su manejo”, explica el armador, y que el Rose Joan se convirtiera en un barco singular “con las características propias de la flota que dominaba antes de estallar la Guerra, que incorporó los avances del momento de su construcción”, matiza.

El barco posee dos mástiles, el mayor de 17 metros de alto, y cinco velas de menores dimensiones que se disponen de forma consecutiva. El aparejo wishbone permite fraccionarlas y tener un mayor control sobre ellas para optimizar la orientación respecto al viento. El afamado arquitecto naval británico Uffa Fox, el padre de los cascos planeadores que inspiran la clase Flying Fifteen, fue quien popularizó su uso.

Jacques Hauvette ha navegado más de cincuenta años en este barco que heredó de su padre en 1988 y al que ha dedicado veinte años de trabajos para restaurarlo con sus propias manos y conseguir mantenerlo después de tres generaciones en su familia.

El Rose Joan puede alojar a seis personas cómodamente en su interior, provisto también de cocina y cuarto de baño. Los primeros patrones de la nave fueron un francés llamado Jean (Joan, en el francés hablado en Bretaña) y su esposa Rose, motivo por el que el barco ha lucido una bandera francesa desde sus orígenes.

Después de dos años, la nave fue vendida al propietario y presidente de “Fromageries Bel”, marca comercializada en España con productos como Babybel, y desde 1962 pertenece a la familia Hauvette. Entre los muchos invitados que han navegado a bordo de esta histórica embarcación, el más notable fue “Luis, príncipe de Baviera” que realizó una travesía por la costa española en 1979, que le trajo también hasta las Islas.

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