Kiko Veneno reúne cinco de sus álbumes de estudio en “Ponme esa cinta otra vez”

Cuatro años después de Veneno, lanzó Kiko Veneno Seré mecánico por ti, un disco que, visto con perspectiva, solo cabe clasificar de histórico. Empezaba para este gaditano de Figueras una nueva época con perlas como el Pata palo de aquel trabajo inaugural, o Lobo López, Echo de menos o Hace calor de los que estaban por llegar. Estos cinco álbumes que grabó Kiko Veneno para BMG y CBS entre aquel 1982 y 2000, ahora se editan en una recopilación acertadamente titulada Ponme esa cinta otra vez, a la venta el 5 de mayo.

Seré mecánico por ti significó su irrupción en el Madrid de la Movida, con su portada de Ceesepe y sus fotografía interior de Alberto García Alix. Canciones como la que da título al disco, Quítate la bata, Farmacia de guardia, Ratitas divinas o Un catalán muy fino garantizaban la continuidad de la particular mezcla de rock, flamenco, surrealismo y alegría que hizo de Kiko Veneno un mito.

Pero lo mejor estaba por llegar, y lo hizo en 1992 con el tremendo Échate un cantecito, el álbum que le rescató del malditismo para encumbrarlo a la admiración generalizada: una obra total, repleta de temas que 23 años después se siguen tarareando, canciones enormes como Lobo López, Echo de menos, Superhéroes de barrio, Joselito o En un Mercedes blanco.

Kiko Veneno siguió en estado de gracia durante los siguientes años. Está muy bien eso del cariño (1995) fue otro gran éxito. Con su portada de Mariscal y producido igual que el que le antecedió por Joe Dworniak, seguía sumando himnos a puñados, como Memphis blues again, Dime A, Veneno, Hace calor o Respeto. La colaboración con Dworinak se prolongó en los dos discos que llegaron a continuación, Punta Paloma (1997) y La familia Pollo (2000), dos trabajos que anteponen el encanto de sus canciones a su catalogación como obras menores.

Estos cinco álbumes en su conjunto atrapan el enigma de Kiko Veneno, el de su aventura tras separarse de su proyecto con los hermanos Raimundo y Rafael Amador, con los que venía de facturar uno de los mejores discos de la historia de la música española. El enigma de estos cinco trabajos que componen Ponme esa cinta otra vez es el del músico que recorre el camino inverso al de la rumba, de Cataluña a Andalucía, para descubrir la rabia emergente de Bob Dylan, Frank Zappa y el embrujo de Camarón, emparentarlos y darle así una vuelta de tuerca a las hasta entonces rígidas casillas del flamenco y del rock.

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