La escasez de lluvias podría provocar problemas de abastecimiento

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La falta de precipitaciones durante los últimos meses comienza a ser un problema para los acuíferos de Mallorca, que se encuentran al mínimo de su capacidad. Tras un otoño y un invierno que se antojan extraordinariamente secos, se teme que llegado el verano será difícil abastecer de agua corriente a la población de Mallorca, sobre todo si se tiene en cuenta la Part Forana.

Según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), durante los últimos tres meses en Mallorca el Índice de Precipitación Estandarizado se ha mantenido en un valor de entre -2 y -3, estadística que se traduce en una temporada muy seca, especialmente para este período del año. Eso ha llevado a que el caudal de los torrentes se aproxime al cero absoluto y a que los acuíferos, pozos y embalses de Mallorca dispongan de una reserva de agua muy baja.

Damián Coll, propietario del pozo encargado de distribuir agua a la zona de Palmanyola, Son Amar y Sa Font Seca, explica que a pesar de que “en septiembre y octubre llovió algo”, dicha cantidad no es suficiente para recuperar las reservas de los acuíferos. Por ello recuerda que como se puede comprobar revisando los datos de AEMET, “en los últimos tres meses no ha caído ni una gota“. Ha valorado la situación de “peor que la que habitualmente hay en agosto”.

Según afirma, el temor de que se corte el agua durante la temporada estival está fundamentado. Expone que “Emaya tiene la desalinizadora y con eso puede abastecer a Palma y a la industria hotelera, pero no sabemos si podrá hacer lo mismo con los pueblos“. Por esa razón, se desconoce si podrá solucionarse el problema si no hay un aumento de las precipitaciones a corto plazo, hecho que ya se ha adelantado que “es muy difícil que se produzca”. A causa de ello, es probable que los ayuntamientos de la Part Forana de Mallorca se tengan que enfrentar al problema de poder abastecer a sus ciudadanos de agua.

El carácter excepcional de esta falta de lluvias se ha producido por el fenómeno de “El Niño“, que consiste en un calentamiento del este del océano Pacífico y que ocurre cada cierta cantidad de años. Provoca cambios y alteraciones en las precipitaciones que derivan en inundaciones y fuertes sequías en las costas de dicho océano. Todo ello se acaba extendiendo por otros continentes, por lo que las consecuencias de este fenómeno climático acaban afectando al conjunto del planeta. “El Niño” implica que el agua caliente del Pacífico desvíe las corrientes, hecho que provoca que las lluvias no lleguen hasta el Mediterráneo y se desplacen.

Sus repercusiones no se limitan a unas pocas zonas, ya que influyen en el volumen de lluvias del conjunto del globo, así como en un aumento de la temperatura de la Tierra. Este año ha sido “muy fuerte”, según explica Coll, ya que “las corrientes no llegan hasta aquí y se desplazan hacia al norte”. Ahora, se está a la espera de que durante “los meses que faltan para el verano caiga una buena lluvia”, hecho que no tiene por qué resolver el problema porque recuerda que “tiene que llover muchísimo para compensar” la escasez de precipitaciones durante los últimos meses.

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