Javier Torres: “Si no se toman medidas no se pueden descartar más agresiones”

Tras la brutal agresión en grupo recibida por una niña en el colegio Anselm Turmeda, en la barriada palmesana de Son Roca, la atención se ha dirigido en gran parte hacia la niña y su familia, así como a los profesores responsables del centro. Sin embargo, ¿qué ocurre con los agresores? ¿Qué se le pasa por la cabeza a un niño de 12 años para darle una paliza en grupo a una niña de 8 años?

Este diario se ha puesto en contacto con Javier Torres, psicólogo forense, experto en bullying y decano del Colegio Oficial de Psicología de las Islas Baleares para comprender mejor estas cuestiones. A la hora de identificar un perfil psicológico de los agresores, Torres explica que sin un estudio es imposible hacerlo: “Seguramente deben de presentar algún tipo de conflictividad familiar para llegar a este tipo de comportamiento”, pero explica que es necesario observar cada caso para “conocer más”.

Algunos han sugerido que estos menores son potenciales maltratadores, pero Torres ha afirmado que eso es un reduccionismo: “No podemos decir que acaben siendo maltratadores. Sin embargo, es cierto que si no se toman medidas no se puede descartar que en un futuro haya más agresiones“. Sugiere que quizá “lo tengan normalizado”, por lo que “hay que hacer un trabajo de intervención terapéutica tanto con los menores agresores como con la niña agredida”. Recuerda que los autores de la paliza son legalmente inimputables y que “hay que trabajar en el tema educativo y sobre todo en la reparación del daño causado”.

Ante la pregunta de por qué se produjo un efecto llamada cuando uno de ellos inició la agresión que llevó al resto a secundarla, explica que “es difícil saber por qué”. Sin embargo, comenta que a menudo los menores “se dejan arrastrar por la presión del grupo y es más fácil hacerlo en conjunto que estando solo”. Javier Torres distingue dos perfiles en el acoso escolar: Está el agresor activo, “que realiza el maltrato de manera directa” y “el acosador pasivo”, que “no hace nada directamente pero tampoco hace nada para evitarlo”. Por todo ello, para comprender qué tienen en la mente, sostiene que “habría que hacer un estudio pormenorizado” para saber qué problemas hay relativos a su “educación, normas, límites o respeto”.

De la misma forma, recuerda que no todos los menores deciden participar en agresiones, ya que “se unen aquellos que de alguna manera presentan rasgos o indicadores con poca resistencia a la frustración y facilidad para realizar el acto violento“. En esos menores “la violencia genera satisfacción, ya que se sienten superiores o más fuertes que el otro, y es una manera de reafirmarlo”, explica.

Por todo ello, concluye que “sería recomendable que se trabaje esta problemática que puedan presentar o esas características que no son las adecuadas para que puedan manejarse en sociedad y con otros menores”.

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