Padres proyectistas, entrenadores interesados y jóvenes deportistas mal encaminados

El otro día asistí a una charla, por llamarla de alguna manera, entre un padre y un entrenador, en donde el progenitor exigía que su hijo adolescente debía obtener mejores resultados atléticos. El entrenador, a su vez, se justificaba cómo podía que el atleta en cuestión se esforzaba mucho, entrenaba bien y que los resultados que estaba obteniendo eran acordes al nivel de desempeño mostrado en el día a día. No hubo entendimiento, el padre terminó marchándose, calificando al entrenador de poco preparado y anunciándole que su hijo dejaría de estar bajo su tutela deportiva. Mientras tanto, al otro lado de la pista y ajeno a todo esto, el chico estaba siendo animado por otros compañeros suyos a raíz de una marca, que él consideraba pobre, en relación al esfuerzo y a las expectativas deportivas que alrededor suyo se habían formado.

Desgraciadamente, esta escena, es una escena que se repite cada día más en el contexto deportivo de las categorías de menores. Padres ansiosos de triunfos de sus hijos, más para contentar su ilusión, casi siempre fruto de alguna frustración pasada o necesidad propia insatisfecha, que de la ilusión deportiva de sus hijos. Entrenadores ansiosos de reconocimiento deportivo, que no dudan en prometer triunfos internacionales y/u olímpicos con tal de atraer a jóvenes talentos con los que demostrar su valía como entrenador, y de paso exhibirlos en las redes sociales como reclamo para cientos de runners deseosos de sentirse entrenados por entrenadores de (pseudo)elite a cambio de 60 u 80€/mes, con la única maestría de exprimir tempranamente un talento que la naturaleza ya había dotado. Y jóvenes deportistas, que han encontrado en los triunfos deportivos ante rivales más inmaduros o atletas menos especializados, una manera rápida y eficaz de acumular like´s y corazones en las redes sociales de moda. Un cóctel explosivo con la que frustrar, ya no la carrera deportiva de un joven, sino su ilusión por practicar deporte, en una sociedad en la que este se ha convertido en una de las pocas vías de escape saludables a un ritmo de vida alienante.

Como padres y entrenadores debemos tratar a los jóvenes deportistas como niños que han aprender a disfrutar de la práctica deportiva, más que por los méritos que a través de los buenos resultados se les atribuye, por los beneficios sociales, psicológicos y físicos que su mera práctica ya les proporciona. Si un padre quiere triunfar a través de sus hijos, que se calce las zapatillas y lo haga él por sus propios méritos. Si un entrenador quiere ganar respeto, y de paso algunos cientos de euros, gracias a robar y explotar jóvenes talentos, que se esfuerce en ser un entrenador que destaque por buscar, formar y hacer triunfar a deportistas en su edad adulta. Finalmente, si un atleta quiere sentirse especial como tal, que lo sea por los cambios que sus triunfos inspiren más que por su estéril i efímero índice de popularidad en las redes sociales.

Ganar en el deporte es solo un privilegio al abasto de unos pocos elegidos, disfrutar y ser feliz a través del deporte, es una oportunidad que todo tenemos y debemos aprovechar. Disfrutemos del deporte, ganemos o no, porque solo practicándolo ya hemos triunfado todos.

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