Alquiler vacacional

Alberto Jarabo está en contra del alquiler vacacional, pero lo practica. Se ha defendido diciendo que vale, pero que no lo hacía en un lugar con “emergencia habitacional”. Este concepto de “emergencia habitacional” es muy importante para Podemos, y en las enmiendas al proyecto de ley de alquiler turístico ha pedido que por favor lo defina alguien. En todo caso el mayor problema de este alquiler, argumentan sus detractores, es que resta oferta del mercado de larga duración, subiendo así los precios. De este modo, continúan, los que viven habitualmente en determinadas zonas especialmente apreciadas por los turistas sufren una carestía que con frecuencia no pueden asumir. La vivienda es lo primero, claman entonces virtuosamente, y proceden contra el derecho de propiedad limitando –o incluso prohibiendo- un acuerdo de voluntades.

Pero ¿es cierto? ¿Realmente existe ese efecto de vasos comunicantes entre alquiler vacacional y alquiler habitual? Pues no mucho, según el estudio de José Luis Groizard y William Nilsson, del Departamento de Economía Aplicada de la UIB. El propietario típico que se anuncia en Airbnb lo que ofrece es una segunda residencia, que disfruta en algunos periodos de tiempo y tiene vacante en otros, y que por tanto no tiene intención de ofrecer en alquiler de largo plazo. Incluso hay un porcentaje de propietarios que alquila, no su segunda residencia, sino su vivienda habitual cuando se va de vacaciones.

Admitámoslo. Pero ¿no estamos abriendo la puerta a malvados especuladores? ¿No ha dicho el Ayuntamiento de Palma que el 66% de los que se anuncian en Airbnb ofrecen tres o más casas? Pues tampoco es cierto: son sólo un 13,7%. En realidad, siempre según el informe, estamos ante un claro caso de “socialización de la riqueza”: gracias a la posibilidad de casar eficazmente oferta y demanda en internet, las familias han encontrado un medio de obtener un rendimiento a su capacidad excedente. Algo que, de paso, permite combatir la estacionalidad: el alquiler vacacional es mucho más flexible a los cambios de demanda que el hotelero, que sólo puede responder cuando ésta alcanza el nivel necesario para cubrir unos elevados costes fijos.

Es evidente que alrededor del alquiler vacacional orbitan problemas tales como saturación, molestias vecinales, competencia desleal o evasión fiscal. Pero no se trata de prohibir sino de regular, basándonos en datos y huyendo de soluciones mágicas o sesgadas por la ideología.

Esta es la gran paradoja del alquiler de temporada. Un partido conservador debería sentir una gran aversión a interferir en la propiedad privada, y sin embargo el PP lo hizo. Y los partidos que se reclaman progresistas deberían estar poco estimulados por imponer medidas contra la socialización de la riqueza y las posibilidades abiertas por la nueva tecnología; y sin embargo los integrantes del Pacto están dispuestos a hacerlo.

Fernando Navarro, diputado de Ciudadanos por Baleares en el Congreso de los Diputados

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