Un apunte sobre la venta ambulante (ilegal)

Desde hace ya tiempo uno de los aspectos que nos constatan el inicio de la temporada turística es la proliferación de vendedores ambulantes. Y, al igual que ocurre con número de turistas, el número de vendedores aumenta año tras año.

Como ciudadano y como contribuyente no deja de sorprenderme la impasibilidad de la administración pública ante tal fenómeno. Y esta sorpresa pasa a “enfado” cuando me pongo en el lugar de la cantidad de profesionales, de comerciantes, de vendedores ambulantes legales, de artesanos que pagan toda una retahíla de tributos y costes simplemente por el hecho de mantener una actividad de manera legal, tributando y cotizando.

Poniéndome de nuevo en el papel de mero ciudadano, debo reconocer que me apena el hecho de que la práctica totalidad de dichos vendedores son explotados por distintas mafias. Que son obligados a comprar material de
dudosa calidad y nula seguridad, de comprar bienes sujetos a propiedad intelectual o industrial y a trabajar en condiciones infrahumanas mientras la Administración decide a quien le compete actuar. ¿Ayuntamientos? Claro, es en suelo municipal. ¿Delegación de Gobierno? Claro, son extranjeros en situación de irregularidad. ¿Inspección de Trabajo? ¿Por qué no? Si todos trabajan para el mismo proveedor y con unas condiciones marcadas por él. ¿Servicios Sociales? ¿Acaso no son personas totalmente explotadas?

Mientras tanto la vida sigue igual. Palma inundada de top manta, las calles llenas de carreras en cuanto estos vendedores perciben el mínimo riesgo de actuación policial. ¿Y los empresarios? También igual, con los oídos bien regados de excusas y pagando. Pagando. Pagando.

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