Donaciones desteñidas

Ante los graves problemas de financiación de nuestra comunidad, el Govern parece haber encontrado la fórmula mágica que facilite resolver nuestro déficit en sanidad: recurrir al mecenas Amancio Ortega, propietario de Inditex y una de las personas más ricas del mundo, que donará el importe de la adquisición de equipamiento médico para nuestros hospitales.

Reconozcamos que la noticia es positiva. El cáncer de mama podrá ser diagnosticado y atendido con tecnología avanzada que permitirá mayor precisión en la detección y el seguimiento de la enfermedad, e incluso salvar vidas. La sanidad balear no cumple los estándares mínimos recomendados por Europa en el tratamiento contra el cáncer, pero afortunadamente ha aparecido un filántropo con afán de resolver nuestras dificultades para actualizar la obsolescencia de nuestros equipos. El inconveniente de aceptar esta “necesaria” donación es la procedencia del dinero con el que se hará esta inversión. Son ya conocidas las condiciones de explotación laboral que exige Inditex a las empresas que subcontrata para seguir aumentando su cuenta de resultados. Es inevitable pensar en la ingeniería fiscal que aplica a sus beneficios para eludir el pago de impuestos. Cuesta no recordar que el tipo medio de impuestos que pagan las grandes empresas está sobre el 6%, mientras que el de un ciudadano normal cuadriplica ese porcentaje. Resulta difícil olvidar la presión sobre las pequeñas empresas que ejerce Inditex para eludir la competencia a su negocio.

Pero quizás tenía razón Iker Jiménez, sí, el de los fenómenos paranormales, cuando decía hace poco que los que criticaban a Amancio Ortega por realizar estas donaciones sin tener ninguna obligación de hacerlo teníamos un gen deforme. Mi sensación es que lo paranormal es que el Estado no asegure una financiación justa a los territorios que permita cubrir las necesidades de nuestros servicios públicos. Lo deforme es que no exista una política fiscal justa y redistributiva de los beneficios que generamos entre todos. Lo preocupante es que, paulatinamente, fundaciones privadas vinculadas a intereses empresariales inoculen a nuestro sistema sanitario la necesidad de una excesiva prescripción de medicamentos y un mayor número de exploraciones e intervenciones sin invertir, pero, en educación sanitaria a través de campañas que promocionen cuidar de nuestra salud.

Queda por ver si la aparente filantropía altruista no va ligada a financiar a los fabricantes de tecnología sanitaria con la excusa de atender el incremento del cáncer en nuestra sociedad. Nuestro Govern deberá estar atento a preservar nuestro derecho a la atención sanitaria evitando el riesgo de posibles deudas, de momento intangibles, ante aquellos millonarios que pretendan lavar su imagen tras haber lavado sus beneficios quizás, en aguas mil veces invadidas por ropas desteñidas.

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