La gráfica de nuestros bolsillos

Solemos escuchar el mantra de que nos encontramos en una fase de recuperación económica que poco a poco repercutirá en una mejora generalizada de nuestra calidad de vida. Los datos, las gráficas, el clima, dicen, lo avalan. Parece evidente que no estamos en el peor momento de la crisis; sin embargo, hay una serie de datos que caminan en dirección contraria, y que atestiguan los riesgos de un excesivo optimismo en el diagnóstico de nuestra situación. Se mantiene una contratación temporal muy elevada, en muchos casos fraudulenta, con alarmas relevantes, como que uno de cada cuatro contratos temporales en nuestras islas sea inferior a cinco días. Se extiende la resignación entre los trabajadores al verse obligados a realizar horas extras no remuneradas, bajo la amenaza de pasar a formar parte de las rotaciones de personal en el sector turístico, donde se mantiene la lógica del ‘usar y tirar’ a los empleados, por encima de su capacidad o experiencia, para aportar calidad en el servicio. Todo lo contrario que ofrecen en materia laboral otros destinos competidores donde se están reduciendo los porcentajes de trabajadores que rotan, precisamente por la valoración de la estabilidad en el empleo para mejorar la atención al visitante.

La política de devaluación salarial del Partido Popular, impulsada por su reforma laboral y la reducción de márgenes de negociación colectiva, estanca toda posibilidad de mejora en los salarios, mientras aumentan los beneficios empresariales. Es lo que llamamos incremento de la desigualdad, que confirma el Banco de España en su Informe Anual publicado hace unos días, en el que se concreta que, en este último ejercicio, los salarios subieron un 2%, mientras las empresas elevaron sus beneficios en un 5%. La tendencia no es actual, sino que se remonta a 1995. La pérdida de derechos, producto de la competencia resignada entre trabajadores desamparados por sus gobiernos, supone para las empresas una ventaja en términos de productividad que no distribuye los beneficios e impide la reactivación real del consumo.

De ahí la necesidad de aumentar el Salario Mínimo Interprofesional para aproximarlo al salario medio (950 €/mes), la derogación de la reforma laboral, las campañas de inspección de trabajo para impedir los fraudes en las contrataciones, las campañas de concienciación a las patronales empresariales para que no prescindan de trabajadores con experiencia o la inclusión de cláusulas sociales en los convenios colectivos, que pongan un techo a la temporalidad y a la parcialidad en las grandes empresas. Desde las operadoras de handling en el aeropuerto que reciben a los turistas, a los hoteles donde se hospedan o los bares donde toman una copa, hasta el servicio de autobús que los devuelve al aeropuerto, se repiten las mismas situaciones de precariedad en aumento, que podrían revertirse con estas medidas, que marcarían un simple punto de equilibrio que hiciera realidad en nuestras vidas lo que las famosas gráficas de recuperación económica indican.

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