¿Tendremos nuevo alcalde?

En las últimas semanas, algunos conocidos me han preguntado si llegará a producirse el cambio en la alcaldía de Palma. La respuesta siempre es la misma: sí. Tendría que ocurrir un cataclismo para que Antoni Noguera no intente emular a su admirado Emili Darder y se haga con la vara de mando del Ayuntamiento.

Ahora bien, aunque su marcha hacia la alcaldía parece imparable, también es cierto que puede haber sorpresas, ya que en ese camino que comenzó a recorrer en junio de 2015 hay algunas piedras que le pueden hacer caer. Por una parte, el contrato concedido desde su regiduría a Jaume Garau, jefe de campaña de MES; y por otra, las noticias aparecidas recientemente en relación a la denegación de la licencia de obras del Casino Teatro Balear.

Ambas cuestiones son actualmente objeto de investigación policial, que posiblemente concluirá con la exoneración de toda culpa al futuro alcalde; sin embargo, ello genera una situación de incertidumbre que debería hacer replantear a Antoni Noguera su posición ¿Qué ocurriría si, ocupando ya el cargo, fuera imputado y tuviera que dimitir?, ¿sería bueno para nuestra ciudad tener un alcalde imputado, como lo fue, por ejemplo, la alcaldesa de Alicante del PP? Por estas razones, sería prudente que no asumiera la Alcaldía mientras no se aclaren estas cuestiones.

Pero, si para algo han servido estas noticias, ha sido para dejar claro que Noguera no reacciona adecuadamente ante este tipo de situaciones. No puede permitirse dejar de dar explicaciones y decir, como hizo en rueda de prensa, que “está cansado”; o dedicarse a atacar a la oposición afirmando que es vergonzoso que le hagan comparecer en un pleno para explicarse. Estos comportamientos denotan un preocupante carácter autoritario y una total falta de autocontrol, que en ocasiones va acompañada de incontinencia verbal, o incluso de exabruptos.

Precisamente, este carácter va a ser una de las novedades en la Alcaldía de nuestra ciudad. En apenas un mes, vamos a pasar de tener un alcalde plano, de bajo perfil, ejemplo de la nueva “política de selfie”, a tener un alcalde enérgico, con carácter, que nos deparará momentos de gloria en los Plenos.

Pero la gran pregunta no es si llegará a ser alcalde, sino si con él veremos una mejora en la gestión de nuestra ciudad, y la respuesta, desgraciadamente, será siempre la misma: no. No, porque, en un gobierno tripartito como el que tenemos, donde cada partido maneja de forma autónoma sus áreas, el alcalde ejerce una función meramente representativa. Por lo tanto, nada nuevo bajo el sol, paciencia, y a esperar que lleguen tiempos mejores.

Por Pedro L. Ribas, regidor de Cs Palma

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