Alcancemos los éxitos a través de la felicidad, y no la felicidad a través de los éxitos

El otro día estuve participando en una sesión de coaching empresarial aportando una visión “deportiva” de las distintas estrategias que los atletas utilizamos en nuestro camino hacia el éxito.  Definir qué se debe entender por éxito, fue una de las tareas más difíciles que tuvimos que abordar. En un principio parecía claro que este, en el mundo de los negocios, estaba asociado a ganar dinero y al estatus socio-económico que este posibilita.

Esta definición de éxito era correcta hasta que se empezaron a analizar otros aspectos asociados a los estilos de vida, a las relaciones personales y familiares o a las aficiones placenteras de antaño, que esos empresarios exitosos presentaban. Todos reconocieron que los sacrificios que habían tenido que realizar eran de crecimiento exponencial en relación al aumento de su rendimiento en los negocios, y que, en algún momento indeterminado y muy a su pesar, habían empezado a asociar el éxito a poder disponer de productos/servicios superfluos (relojes caros, coches de lujo, vacaciones en lugares exclusivos…) aunque en relación a lo que en sus inicios creían que era importante en su vida(salud, familia, amigos, aventuras…).

Conocedores todos del hecho que eran empresarios, y que esta era una actividad con unas necesidades reales a la que se tenían que seguir dedicando todos ellos, empezamos a buscar otra definición de éxito. Llegados a este punto se abordó la dialéctica entre la “cuantificación económica del éxito” frente a la “auto-realización como persona a través de los negocios”. La conclusión de toda la elucubración, que nos llevó más de una hora, es que “la capacidad de un empresario para ganar dinero solo es un éxito parcial, estando la verdadera esencia del éxito en ser capaz de poder disfrutarlo haciendo las cosas que realmente le llenen como persona, sin sustituirlas por sucedáneos socialmente aplaudidos”.

La correlación con el deporte me pareció evidente, como deportista de élite solo asociaba el éxito a ganar y a recibir premios y halagos sociales por ello. Poco a poco, cuando me fui alejando del deporte de alto rendimiento y descubrí a miles de personas haciendo deporte simplemente por los beneficios que este les aporta (auto-realización, evasión, sociales, salud, etc), entendí que, como ser humano, es un error solo correlacionar el éxito al resultado y que es necesario asociar el éxito, de todo aquello que hacemos, a la capacidad que tiene para hacernos felices.

Ganar es un privilegio al alcance de unos pocos elegidos, disfrutar del deporte es una capacidad al alcance de todos. Es nuestra obligación, como entrenadores, padres o directivos, que enseñemos a los jóvenes atletas a alcanzar los resultados a través de la felicidad y no la felicidad a través de los resultados. Así como los empresarios han de tener como culdem de su actividad ser capaces de disfrutar del dinero ganado, los atletas han de tenerlo en disfrutar de la práctica deportiva diaria. Esforcémonos en tener jóvenes atletas felices, enseñándoles a disfrutar del deporte por encima de los resultados. Puede que así no todos tengamos un campeón en casa, pero al menos nos aseguraremos de tener a un deportista realizado durante muchos años.

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