Playa de Palma, el mayor atractivo de la delincuencia organizada

La imágenes son tópicas, típicas y repetitivas. Grupos de jóvenes bebiendo a destajo durante todo el día en la arena y paseo de la Playa de Palma y, por la noche, más de lo mismo. ¿Donde está el problema? Es una situación que se repite cada año. El meollo de la cuestión no es tanto el descontrol de los jóvenes bebidos, que también, sino la “fauna” que atraen: vendedores ilegales, prostitutas con sus respectivos y peligrosos chulos, trileros, masajistas y un sinfín de personajes que aprovechan el entorno para hacer lo que les viene en gana. La solución no está exclusivamente en aumentar los efectivos policiales, sino modificar las actuales leyes sobre extranjería, leyes laxas, permisivas y excesivamente protectoras. Mientras no se modique la ley, Playa de Palma siempre tendrá el mismo titular.

Una visita nocturna por Playa de Palma, acompañado por Jesús Sánchez, presidente de la Asociación Balear de Ocio Nocturno y Entretenimiento (ABONE), conlleva una buena dosis de temor y prudencia. No por los turistas que se atiborran de cervezas en las terrazas de las denominadas calles del Jamón y de la Cerveza. Al acecho de estos incautos turistas se encuentran cientos de vendedores ilegales y no pocos trapicheadores de droga. Por el momento.

“¿Doscientos vendedores ilegales en Palma?, -sonríe Jesús Sánchez-, sólo aquí en la Playa de Palma tenemos residiendo a más de 800. Hemos propuesto cursos de formación e incluso Restauración aceptó integrar laboralmente a aquellos que finalizan la formación, pero ciertamente no están por la labor, no les interesa. Se gana más dinero con el trapicheo de drogas y de los productos falsificados”.

El presidente de la asociación tiene claro donde está el problema: “el meollo del asunto no está exclusivamente en que los turistas hagan lo que les de la gana. Se podría decir que ahora la cosa no está muy desmadrada, pero dentro de 15 días cuando empiecen a llegar los trileros y las prostitutas con sus violentos macarras, esto va a estallar”.

“La solución no está en aumentar el número de policías que patrullan a pie o en vehículos mecanizados por la zona ya que, de nada sirve si mantenemos unas leyes muy garantistas con esta gente. Las leyes en este país son muy permisivas y ellos lo saben. Se les detiene y antes de que la policía concluya el atestado de la detención, ya están otra vez en la calle buscando género para su venta. En Madrid deben entender de una vez por todas que las garantías procesales y jurídicas de las que gozan la gente que delinque o que realiza una actividad ilegal, está quebrando el equilibrio de la actividad turística. Y no solo aquí, si no en muchas zonas del país”.

Esta es la realidad de la Playa de Palma. Cada día, cada més, cada año. Siempre es lo mismo y nadie pone coto a estos desmanes “pues no existe voluntad política para hacer frente a este gravísimo descontrol”, indica Jesús.

Jesús Sánchez concluye señalando que “se sabe donde se vende la droga, donde se guarda la mercancía ilegal, dónde viven y residen los ilegales, pero no hay nada que hacer mientras se sientan tranquilos porque las leyes no actúan con firmeza contra ellos”.

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