Complejos

Cada día entiendo menos cosas o se me hace más complicado el entenderlas. A mi edad creía haberlo visto todo o casi todo, pero ciertamente no es así. Mi infancia y juventud no fue precisamente la de un niño pusilánime ni de un adolescente acomplejado, quizás más bien todo lo contrario, los complejos los tengo ahora,  al igual que me imagino los tendrán muchas personas de “avanzada edad”. ¿ Tenemos capacidad de amoldarnos o de asumir las nuevas tendencias y valores? Posiblemente si las hemos asumido e incluso aplaudido y aquí al menos están mis complejos, complejo de mi identidad, de inferioridad de mis valores y otros más…

Y el principal y más común en nuestra actual sociedad de abuelos y pensionista es el complejo el de “no reaccionar” es decir quedarnos perplejos y simplemente aceptar.

¿Estamos perdiendo los mayores los valores éticos, políticos, morales y religiosos simplemente por miedo o por no reaccionar con la fuerza y contundencia necesaria frente a los atropellos infames, indecentes, despreciables, populistas y demagógicos que nuestra sociedad civil sufre hoy en día?

Creo rotundamente que sí. Debemos despertar frente a la inmundicia, pobreza, libertinaje, moral distraída, corrupción generalizada, ataques radicales, extremismos peligrosos, política deshumanizante, egocentrismo urbano… etc., pero desgraciadamente no lo hacemos, éte aquí el gran problema  que nos atenaza: el “man futismo” generalizado o  el miedo a defender nuestros ideas y valores personales, nuestras tradiciones y nuestras creencias. No solo debemos despertar, también hacer sentir nuestra voz dentro la jungla actual de lianas que nos amordazan.

El terrorismo nos está machacando de una forma cruel e ingrata y poco nos revolvemos contra él y sus portadores, la pobreza se está apoderando del primer mundo y miramos complacientes nuestro ombligo, los valores occidentales bajo mínimos y no nos preocupamos en revitalizarlos, la corrupción social y política polariza toda la información y muchos de nosotros, presuntamente, también en pequeñas cosas nos valemos de ella.

El dicho de tu libertad empieza donde termina la mía, está desapareciendo del diccionario, unos atacando a otros y otros acotando la libertad de expresión, libertad algunas veces enmascarada de insultos y mentiras perdiendo en este caso todo su valor y cercenando el poder de la opinión ajena.

Kennedy dijo, más o menos, en una ocasión “Ya es hora de que preguntéis lo que podéis hacer por América en lugar de reclamar lo que América puede hacer por ti”.

Creo que viene siendo hora de preguntarnos los unos a los otros, que podemos hacer conjuntamente para  mejorar nuestra sociedad y reconducirla hacia los auténticos valores, éticos, sociales, políticos y morales que estamos perdiendo, dado que seguro, nuestros actuales gestores no lo harán.

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