Toros a la balear

Por tercera vez en pocos meses el Gobierno estatal ha puesto en evidencia una iniciativa legislativa autonómica por incompetencia balear, nunca mejor dicho. Al conflicto con la propuesta sobre prospecciones y a la normativa turística, se ha sumado también la suspensión judicial de algunos artículos de la ley de evaluación del impacto ambiental.

Y no satisfechos con las tres anteriores, continuamos esta semana apostando por un nuevo despropósito político: la proposición de ley de “toros a la balear”, debatida este martes en el Parlamento y que lleva el mismo camino hacia el precipicio.

En el orden del día del pleno se ha incluido por urgencia la propuesta de regular los toros ‘a nuestro aire’. Y sería una propuesta chistosa si no fuera porque pretende una vez más -y ya es el segundo intento-, burlar la ley estatal usurpando competencias que no nos corresponden y retrasando con su falsa urgencia otras propuestas que se están eternizando de forma desesperante. Y eso no es ninguna broma.

Desde el Partido popular ya advertimos que el anterior intento de aprobar una ley antitoros era un churro legal, que iba en contra de la tauromaquia y que levantaba ampollas en muchos ámbitos incluso de izquierdas. Y esa propuesta inicial acabó en un cajón, por ilegal y por impropia.

Y ahora volvemos a tramitar otro churro legal para tapar las vergüenzas del anterior y para contentar a afines políticos.

Otra propuesta bautizada popularmente como “toros a la balear”, que lleva el camino de la anterior porque se pone también la Constitución por montera, intenta crear un nuevo espectáculo de mentirijillas a la vez que aniquila la fiesta de verdad, y nos conduce a despropósitos varios como banderillas de plástico, espectáculos de solo diez minutos, test antidoping a toros y toreros, medidas antiestrés.. y todo ello por la vía de urgencia, retrasando temas importantes por falta de voluntad política.

¿Qué absurda necesidad es ésta? ¿Realmente es una prioridad para la mayoría de los ciudadanos? ¿Es eso lo que nos pide la gente cuando nos para por la calle, en la cola del súper o en el bar donde tomamos café?

¿Era necesario contradecir más normas estatales? ¿O poner en entredicho las fiestas de caballos, el Correbou, la Fira de sa Perdiu, las “matances” o a los placeros de los mercados municipales que venden animales? ¿Saben ustedes que ya no se podrán recuperar nuevas fiestas populares con animales? ¿Y en qué lugar quedan los cazadores?

¿Quién es, por otro lado, la izquierda balear para decidir cuál ha de ser el patrimonio cultural de todas y todos los españoles? Será en su caso la sociedad quien decida qué cultura le representa, y no una falsa mayoría parlamentaria amparada por una supuesta superioridad moral quien nos lo imponga.

Mi opinión es que no. No era necesario. El Parlamento balear debería dedicar su tiempo a los temas que reclama la calle. La escasez de vivienda de alquiler, fracaso escolar, movilizaciones de los taxistas, embotellamientos a todas horas en las entradas de Palma, retrasos en las ayudas al campo balear, listas de espera en los centros de Salud o saturación en los hospitales. Suma y sigue.

Pero ayer era martes y 13, día nacional del teatro. Y entre moción y moción de censura, nosotros aprobamos tramitar otra nueva afrenta política a los toros.

El espectáculo a la balear está servido. Poco más que añadir.

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