Izquierda sin centro

El nuevo PSOE de Pedro Sánchez (éste no tan nuevo) parece que renuncia al centro político si atendemos a su nuevo eslogan definitorio (somos la izquierda). El objetivo de recuperar votos de izquierda emigrados a Podemos parece ser que será su ambición política en lo que resta de legislatura, tarea que no le resultará nada fácil dada la lealtad que se adivina a los votantes de Podemos, todavía sin tiempo de arrepentimiento. Quizás sí que, tras el doble fracaso del sorpasso, haya cierto voto útil que vuelva a la casa de la rosa, pero lo que quizás gane a su izquierda pueda perderlo a su derecha, o sea, el voto del ciudadano progresista moderado y realista, que siempre ha necesitado para alcanzar La Moncloa.

Sin embargo, lo más destacado de esta estrategia es el error histórico que supone, por anacrónico y contracorriente de la nueva socialdemocracia del S XXI, que ya arrancó en los países escandinavos y en la Gran Bretaña de la mano de Tony Blair, y que hoy mismo se ha instaurado de forma arrolladora en la Francia de Macron.

La muestra más evidente del equivocado giro del “nuevo” PSOE es la satisfacción de Francina Armengol, que en el Congreso celebrado este fin de semana, se congratuló que de, ahora, el PSOE sí seguía la senda del PSIB que ella ha trazado en los últimos años. Los números son tozudos: bajo su mandato izquierdista-socionacionalista el PSIB pierde votos elección tras elección, de modo que si ése es el futuro que le espera al PSOE, lo lógico es pensar que terminará en forma muy parecida al extinguido Partido Socialista italiano o al marginado Partido Socialista francés, éste último condenado por sus propias bases al elegir en primarias, como candidato al Elíseo, un socialista de corte izquierdista, propiciando el ascenso del socioreformista Macron.

Con el nuevo PSOE de Pedro Sánchez puede pasar lo mismo. Las izquierdistas bases socialistas, (apenas doscientos mil militantes frente a una orquilla de votantes de cinco a diez millones), haciendo caso omiso de los sabios del partido, decidieron separarse de la ciudadanía que les ha hecho ganar elecciones y seguir viviendo en la utopía de una izquierda sin centro, que como se ha demostrado a lo largo del siglo XX, es además de utopía, una gran mentira.

 

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