La táctica del ventilador

La ciudadanía ya ha bautizado a este gobierno como el Pacto de los contratos o el Pacto ‘MésContratos’, con hastag incluido como se estila ahora en el argot propio de las redes sociales.

La Fiscalía Anticorrupción lleva meses investigando las consejerías del Govern y otros departamentos de Cort o del Consell de Formentera, donde los cargos públicos nacionalistas han suscrito múltiples acuerdos cuestionables, como adjudicaciones a dedo por amistad, cuantías que rozan los límites permitidos y algún fraccionamiento ilegal.

Cinco contratos adjudicados desde tres consejerías de Més tienen irregularidades según los técnicos de la Intervención general de la comunidad. El Parlamento ha registrado la reprobación del vicepresidente y la propuesta para que la Sindicatura fiscalice toda su actividad contractual. La Comisión de ética creada esta legislatura ha constatado la vulneración de la honorabilidad, la objetividad y la imparcialidad. Y todo ello no se puede obviar.

Los ciudadanos ya han manifestado su descontento en las encuestas. Un 70% califica la gestión del Pacto como mala o regular, y no dan ni un solo aprobado a ningún miembro del gobierno.

Indignarse no basta. Si Armengol quiere mantener un mínimo de credibilidad debe deshacerse de semejante mochila o caerá con ella. Ya es la responsable de permitir el ‘caso contratos’ y quedan dos años de Pluripacto -como diría Sánchez-, lo que es mucho tiempo en política.

Están nerviosos. Evidentemente nerviosos. En consecuencia, las consejerías han paralizado toda su actividad contractual y se ha puesto en marcha el ventilador político de forma descarada, intentando desviar la atención hacia el Partido Popular. Remueven cielo y tierra investigando en gobiernos anteriores para ver si se reparte la brisa de la culpabilidad. Pero se les ve el plumero y por más que lo intenten, no hay justificación que valga. Están inmersos en una tormenta política que no tiene arreglo.

Indignarse no basta. Olvidan que ellos -‘los del cambio’- son los que ahora gestionan el dinero público y por tanto quienes deben responder de los gastos que hacen sin excusa ni dilación. Y asumir la responsabilidad inmediata por el entramado orquestado desde los departamentos nacionalistas para regar a sus amigos de partido, no se sabe si en pago de la campaña anterior o a cuentas de la que viene.

No hay más salida. O los culpables abandonan el barco o Armengol debe echarlos, si no quiere verse arrastrada de forma irremediable.

Por más que anuncien nuevas medidas de publicidad, prohibiciones futuras de contratar o planes de transparencia a la mallorquina, suena a intento justificación. Por más que intenten poner en marcha el ventilador de los reproches, están inmersos en una tormenta política de culpabilidad.

Por otro lado, los contratos menores o menos menores podrán ser válidos si han seguido el procedimiento correcto y responden a un evidente interés general. Así lo estableció el legislador.

Y eso no lo cambia el evidente ventilador de Més.

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