Dos años de Armengol

Cumplimos dos años del Govern Armengol,  y el horizonte nos devuelve dos años perdidos por culpa de un Pluripacto incapaz de gestionar, que se sustenta en una alianza de perdedores y  gasta sus energías en calmar las diferencias entre sus propios socios, en vez de dedicarse a ofrecer un proyecto con visión de futuro para nuestras islas.

Armengol prometió cambio, pero no concretó qué cambio ofrecía a los ciudadanos. Y dos años después, es evidente que ha sido un cambio a peor.

Palabras como contratos a dedo, nepotismo, saturación, turismofobia, leyes inconstitucionales, toros, gentrificación,… son el día a día de este Pacto.

Palabros, más bien, diría yo; pues no son palabras que formen parte de las demandas diarias de los ciudadanos. Lástima que este Gobierno de cambio las haya convertido en su campo de batalla. Y todo ello porque tenemos una presidenta radical, inestable, sin criterio claro ni rumbo fijo, a quien se le da mejor hacer de jefa de la oposición que gobernar. Es evidente que le gusta la política de confrontación más que la de solución, criticar más que ayudar, atacar ideas en vez de sumar similitudes, y ello está pasando factura a Baleares.

Y es indiscutible también que esta actitud radical y poco útil del Pacte actual beneficia a una posible alternativa del Partido popular en Baleares, que se fortalece día a día con su renovación, porque cuanto más se radicalice el Govern Armengol mejor será para los populares que representamos en definitiva la moderación, la centralidad, la tolerancia y el respeto a la pluralidad. En definitiva, el ‘seny’ balear de toda la vida.

Experiencias con gobiernos podemitas los hay por doquier, en diferentes comunidades y ayuntamientos, pero en ninguno se da la paradoja balear de tenerlo en la sombra. Un Podemos conflictivo y antisistema, que se deshace a dentelladas en el duelo a muerte Jarabo-Camargo y que está sustentando los hilos de la marioneta Armengol desde las bambalinas. Y en esas, el resultado es la presidenta más débil de la democracia de Baleares que sobrevive por contentar a sus socios a golpe de propaganda y titular.

Armengol un día se levanta populista, y al día siguiente se levanta independentista. O un día pablista y un día pedrista, si prefieren; pues su único proyecto es ser más radical y de izquierdas que nadie, a fin de contentar a los que le sostienen la silla de presidenta balear.

Creo que los ciudadanos no votaron este caos. Votaron para que se mejorase la gestión anterior, para que continuase lo que iba por buen camino y para que se rectificase lo que necesitaba mejorar o cambiar. Y nada de ello se está cumpliendo. Derogar todo lo que huela a PP ha sido su tónica, y no aportar nada nuevo a la balanza política su perdición.

Tanto es así que, me permitan la licencia, dos años de Armengol… y nada que celebrar.

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