La lealtad política: ¿Dominio o Verdad?

La Lealtad política es uno de esos clichés agotados hasta la saciedad, una de esas nomenclaturas conceptuales que todo el mudo cree entender por ser dos palabras muy claras. También se antoja una especie de principio del que, -a priori-, a todo el mundo le gusta hacer gala del mismo, cual elevada virtud personal. Sin embargo, estamos lejos de poder aceptar una foto fija del concepto en cuestión, pues va a depender de múltiples variables según el sujeto político que lo ponga en cuestión.

Pregunto: ¿ en política hay que ser leal a las personas, o a las siglas? ¿ A los proyectos, a los programas, a la ideología, a los fines, … ? Pero antes de responderse a si mismo, repasemos algunas fuentes para pensar acerca de la dimensión y trascendencia del concepto.

El diccionario de la lengua española de la Real Academia, señala tres acepciones para “lealtad”: 1.f. Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien. 2. f. Amor o gratitud que muestran al hombre algunos animales, como el perro y el caballo. 3.f.p. us. Legalidad, verdad, realidad. Como podemos valorar someramente aparte del reflejo patriarcal -“hombría de bien”- propios de nuestro lenguaje, descartando la gratitud de los animales, me quedaría con eso de el “Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad” y lo relacionaría con “Legalidad, Verdad, Realidad”. Domenico Fisichella (1935), académico italiano y ministro de cultura del primer gabinete de Silvio Berlusconi definió en 1990 como Lealtad Política: “La pertenencia a un grupo entraña la emergencia y la vigencia de un mecanismo de lealtad: conocimiento, respeto y acatamiento de una serie de normas de pensamiento y comportamiento. La pertenencia a una comunidad política (como sistema civil más abarcativo) implica una lealtad política con frecuencia conflictiva con otros sistemas de lealtades, por su carácter más abarcativo y su tendencia excluyente de lealtades y pertenencias que juzgue en contraste con la suya”. Fisichella, nos sitúa en el universo en el que la Lealtad Política todo lo supera, y bajo que los otros sistemas de lealtades del individuo quedan en tensión o en forma de vasallaje ante un sistema de valores que lo abarca todo, la familia, los amigos, el club de fútbol, todos quedan reducidos a un vasallaje ante esa dimensión holística de la política. Podemos entender así, como la mafia y su gran capacidad de abarcarlo todo, se identifica a si misma como “la familia”.

Los autoritarismos siempre se han fundamentado en un uso concreto del concepto llevado a la máxima idolatría, por ejemplo, en Argentina el peronismo supo crear un día de la Lealtad a Perón, poniendo de relieve que la lealtad política es un sistema de dominio. Hay quien señalará la perversión, y buscará refugio en lo colectivo, huyendo de los personalismos, buscando el programa (concreto), el proyecto (algo ya más etéreo), la ideología (algo absolutamente amplio).

Como apunta el diccionario para el termino de lealtad, “ Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad”, en política bastaría ser leal políticamente cumpliendo los estatutos de una organización, y los mandatos legítimos que emanan de los mismos. O las Leyes que emana de una Cámara. Hay que advertir que, las Leyes están para servir al llamado interés general, el cual en una sociedad de clases no puede ser más que, la justicia social distributiva. Esto nos obliga ha aterrizar en los conceptos de “Realidad” y “Verdad”, porque finalmente, es lo que subyace, y es la única forma de lealtad política legítima, la lealtad para con la Verdad, para con la Realidad de tu Polis, de tu sociedad.

Eduardo Sánchez
Secretario de Organización de EUIB
Doctor en Historia del Arte.

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