Inaceptable tibieza

Baleares ha sido noticia los últimos días por los comportamientos vergonzantes de unos cuantos jóvenes radicales de izquierdas que pretenden llamar la atención a costa de perseguir nuestro turismo. El asalto e intimidación perpetrado a unos turistas que desayunaban en un bar del puerto de Palma con confetis, bengalas y carteles de rechazo, como continuación a las manifestaciones violentas de Barcelona y Valencia, evidencian la radicalidad y la intolerancia de unos pocos guiados por el deseo caprichoso de hacerse notar, aún a costa de perjudicar la mano que nos da de comer. Un nuevo episodio de antisistemas que viven del sistema.

Frente a ello se requería una respuesta contundente por parte del gobierno balear que debería haber reaccionado inmediatamente con una condena pública y la consiguiente denuncia de los hechos para su oportuna investigación. Todo ello sin lugar a sombra de dudas. Pero no, la estupefacta ciudadanía ha sido testigo de unos gobernantes puestos de perfil que justificaban los actos violentos con tímidas palabras y argumentos escurridizos, dejando en evidencia su escasa altura política.
El Pacte delegó en segundos cargos su valoración inicial de los hechos, cual avestruz escondida bajo el ala; y el conseller de Turismo ha tardado más de dos días en manifestar su tibia condena desencadenada precisamente por las preguntas de los periodistas en la comparecencia posterior al Consejo de Gobierno semanal. Tibio, todo muy tibio.
La misma esquivez -cual rabanillo- que han mostrado los representantes políticos de Més y en paralelo a los mediocres silencios de Podemos de quienes ya no nos sorprende casi nada.

Es evidente que la falta de actuación política ante la violencia turística es inadmisible. Un gobierno asentado en la autocomplacencia de considerarse el cambio pero incapaz de estar a la altura de semejante vulneración de derechos es un gobierno falso, que solo utiliza la libertad como recurso político para defender sus convicciones pero que reniega de ella cuando el ataque proviene de sus afines.
Sobran justificaciones y faltan respuestas.

No es casualidad que España en general y Baleares en particular lideren posiciones como destino turístico. Es fruto del esfuerzo de muchos ciudadanos que durante años trabajaron por hacer de nuestra tierra un lugar próspero en el que hubiera café para todos, y eso se consiguió gracias al turismo. Negarlo es vivir a espaldas a la realidad y es despreciar el esfuerzo de todos los que lucharon por salir adelante cuando muchas familias solo tenían la opción de emigrar para subsistir.
Los ataques interesados a nuestro turismo son ataques a ese esfuerzo pasado y presente, y por ende ponen en peligro su futuro de forma caprichosa e inaceptable.

Echamos en falta un conseller de Turismo, en mayúsculas, a la altura de las circunstancias, que no dude en defender la libertad y el respeto de quienes representa y que denuncie donde corresponda los ataques a esos derechos vengan de quien vengan. Quizá es el momento de volver a pedir dimisiones sin dilación.

Por cierto, la presidenta Armengol ha dado la callada por respuesta…

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