Usted y yo tenemos alucinaciones

No es cierto que los hijos de Guardias Civiles estén siendo acosados por sus profesores en institutos de Cataluña, ni que hayan tenido que ser defendidos por sus propios compañeros. Tampoco, al parecer, que profesores como los de Olot hayan llevado a sus alumnos de la mano a las manifestaciones secesionistas. El adoctrinamiento no existe, y todas las escuelas catalanas –y las baleares, vascas y valencianas- son modelos de ecuanimidad donde se enseña a los niños a tener su propio criterio y a ser libres. Esto es al menos lo que defienden, con total tranquilidad, los diputados nacionalistas y de Podemos, cada vez más indistinguibles entre sí.

Por lo tanto, entienda, cuando vea fotos de los profesores del IES Mossèn Alcover manifestándose alegremente con sus alumnos a favor de la secesión catalana, o carteles de Arran en el IES Marratxi, que está sufriendo una alucinación.

Este martes desde Ciudadanos defendíamos en el Congreso una moción pidiendo medidas para acabar con el adoctrinamiento nacionalista en las escuelas. ¿Hay algo más radicalmente justo? ¿Hay alguien dispuesto a tolerar que los niños continúen siendo usados obscenamente con fines ideológicos? Los diputados nacionalistas/podemitas entendieron inmediatamente el problema y emitieron un diagnóstico: los de Ciudadanos son fascistas. O falangistas.

En medio de un gran enfado nacionalistas y populistas –valga la redundancia- llamaron a Toni Cantó sectario, incendiario, fundamentalista y, en el colmo de la inversión de papeles, Aitor Esteban, heredero ideológico de Sabino Arana, le llamó racista. Finalmente, la diputada Lourdes Ciuró, a falta de mejor razonamiento, le dedicó un corte de mangas.

¿Y qué pedía esta moción tan incendiaria y fundamentalista? Algo muy sencillo: potenciar la Alta Inspección Educativa para garantizar la neutralidad ideológica de los centros, exigir responsabilidades a los directores, instar a la Fiscalía a actuar contra los delitos de odio, y proteger a los denunciantes. Sin embargo, no fue apoyada por el PP –se abstuvo-  ni por el PSOE –votó en contra-. Tampoco hay que extrañarse mucho: ellos son, por su connivencia con el nacionalismo, los que nos han llevado a este extremo.

Nos dejaron, con la honrosa excepción de UPN, solos ante este problema capital. Pero si todo esto le enfada no lo diga en voz alta: pueden llamarle fascista.

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