Company presidente, Armengol oposición

Si tengo que poner un titular al debate parlamentario de la Comunidad, sería éste, sin duda.

Biel Company como líder del partido más votado hizo un debate de alta política, presentó propuestas sin confrontación y pidió resultados. Se mostró Presidente.

Ofreció a Armengol un Pacto para bajar los impuestos a las clases bajas y medias a cambio de apoyar los presupuestos de la comunidad. Y exigió explicaciones a una gestión económica que cuenta con mil millones más para destinar a políticas educativas y sociales.

Armengol hizo oposición y no dio respuestas. Criticó el pasado, no fue capaz de aceptar las ofertas de los populares y se limitó a vender su libro.

Es de todos conocido que Armengol necesita bajar a la arena para combatir políticamente, por lo que la actitud dialogante y constructiva del Partido popular la dejó desnortada e incómoda. No supo escuchar y mucho menos debatir, leyó un discurso previsible que decía más con sus silencios que con sus afirmaciones y adoleció de espontaneidad. Desperdició la oportunidad de pedir disculpas por la corrupción que la atosiga, la de los socios de gobierno que tiene sentados a su lado, cuyas consejerías ha intervenido la Fiscalía y que le han proporcionado una soga política.

Tampoco supo ser contundente ante la realidad española de Cataluña, no se definió del lado de la Constitución y del Estado de derecho, ni rechazó el falso referéndum independentista que piden sus socios radicales para Baleares en el 2030.

Pero sobretodo no hizo balance de gestión. Se limitó a criticar al anterior gobierno popular haciendo uso de una estrategia mediocre y un adn propio de oposición.

Muchas preguntas quedaron en el aire: barracones educativos, situación del alquiler turístico, lucha contra los desahucios, medidas frente a la violencia machista, falta de personal sanitario por la imposición del requisito del catalán, subida de la ecotasa y desaceleración económica. Nada sobre la ralentización del turismo, las empresas baleares que han cerrado este año o los problemas con los que le llevan la contraria, los payeses, el pequeño comercio, los médicos o los cazadores.

En la réplica Armengol acabó cayendo en su propia trampa al pedir al popular Company que explicara cuál era su proyecto de país. ¿Perdone? Vinimos a escuchar cuál es el proyecto progresista que su Pacto está aplicando, cuál es su actuación como gobierno en esta comunidad y cuál es su actual resultado en 2017. El otro, el proyecto popular para Baleares, se perfiló ayer como alternativa real, válida e ilusionadora para todos. Y me crean, se irá consolidando poco a poco para adquirir fuerza de cara a las próximas elecciones.

Pero Armengol sigue viviendo de sueños como al principio de la legislatura y los ciudadanos se están cansando de pedirle realidades.

Muchos patinazos para una presidenta que no se sale de un guión monocorde y apagado. El termómetro nos muestra que está más cómoda en la confrontación que en el diálogo, en la enemistad política que en la diversidad de ideas, en la oposición que en el gobierno.

La conclusión es evidente, como en un silogismo: Company presidente, Armengol oposición.

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