Acerca del cupo vasco

Principio de igualdad. Con el fin de evitar diferencias entre españoles, a iguales competencias debe corresponder igual financiación por habitante. Si dos comunidades fueran exactamente iguales en cuanto a población, estructura demográfica, dispersión geográfica, nivel de paro etc. deberían recibir una financiación exactamente igual. Los recursos se extraen, obviamente, de los impuestos.

Principio de solidaridad. Los ciudadanos pagan impuestos en función de su renta, por lo que la tributación de una comunidad con renta media más alta será mayor que la de otra con renta media más baja. Y puesto que idealmente todas las comunidades deben recibir lo mismo por habitante, pero unas tienen que pagar más que otras, sus respectivas balanzas fiscales deberán estar desequilibradas: unas serán aportantes netas y otras receptoras netas. Este principio se llama también redistribución de la riqueza.

El actual cálculo del cupo vasco pulveriza ambos principios, empezando por el de igualdad. Con datos de 2014 la financiación regional vasca -a competencias homogéneas- es más del doble que la media de las de régimen común: 4.654 € por habitante en el País Vasco, 2.016 € el resto. Esto hace que esta comunidad pueda dedicar a sus servicios públicos un gasto muy superior a la media: un 34% más alto en educación, un 20% más alto en sanidad,  y casi un 40% superior en políticas de protección social. Todo esto, además, con una presión fiscal menor que la media.

Pues bien, con el nuevo sistema de cálculo de cupo las diferencias se ahondan aún más. Para empezar el Gobierno se saca de la manga que, a pesar de toda evidencia, las Instituciones Forales Vascas “han aportado de más” durante los últimos seis años, por lo que el estado debe darles 1.400 millones adicionales. Pero además, combinado el nuevo cálculo con el ajuste de IVA resulta que ¡el cupo real sale negativo! El Estado debe devolver 282 a una comunidad que debería ser aportante neta por ser la segunda con mayor riqueza per cápita. Se volatiliza así el principio de solidaridad.

Por no hablar de que actualmente hay una comisión dedicada a estudiar el modelo de financiación, a cuya espalda ha negociado el Gobierno con los nacionalistas el nuevo cupo. ¿Cómo va a defenderlo? Y de paso ¿demostrarán PSOE y Podemos que igualdad y solidaridad son para ellos meras palabras huecas? Cuando se publiquen estas líneas ya sabremos la respuesta.

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