La desvergüenza de los que tienen demasiado

Ya vienen las Navidades, tiempos de risas, de brindis, de familia, de excesos y de dispendios. Y también tiempos de hambre, de frío, de lamer escaparates por fuera y de reponer a Dickens en el candelero. Aunque sea una vez al año, tenemos la fibra sensible.

Vale que hay solidarios todo el año, que hay una gran comunidad de hormiguitas que grano a grano hacen todo lo que pueden día a día, pero también hay cigarras que cantan y cantan sabiéndose a salvo de las inclemencias del tiempo y las facturas.

061217 vecinos santa pagesa denuncian

“Es realmente obsceno, triste y vergonzoso ir a tirar los envases al contenedor amarillo y encontrarte en la acera todo un tenderete de juguetes, muchos nuevos, sabiendo que hay tanta gente necesitada o niños que no tendrán ninguno en Navidad. Y hay muchas instituciones, parroquias o la misma asociación que recogemos y damos una segunda vida a lo que ya no usamos. Queda mucho trabajo por hacer en educación y solidaridad. Triste muy triste!”.

Es más que triste. Es hacer sitio en una casa donde sobra todo para meter nuevos (y caros) juguetes esta Navidad, cuando hay tantos y tantos niños que no tendrán ni una humilde peladilla de parte de los ‘Reyes Magos’, de ‘Papá Noel’ o un turrón del Banco de Alimentos.

Además del incivismo que supone dejar la calle como un estercolero, para que lo recoja otro (“yo pago impuestos, que limpien”), es una imagen de pocos favores.

Y no sólo en Navidad. Esto pasa todo el año. Sin ponernos sensibleros, en vez de tirar, ¿por qué no donamos, reciclamos o regalamos, simplemente?…

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