¿Pasarás el fin de año en la calle?

Estamos muy cerca de que caiga ya en la papelera del tiempo, la última hoja del calendario de este año.

Muchos harán el próximo día 31 las clásicas promesas de fin de año, dejar de fumar, dejarse barba, ahorrar, participar en alguna actividad lúdica e incluso colaborar en alguna ONG, amén de otras muchas cosas y como siempre nadie lo logrará y si alguien lo logra será como encontrar una aguja en un pajar, que nadie la encuentra y muchos lo dicen, es decir mentirá de todas todas o dándole el privilegio de la duda, un poquito.

Todos nos preguntamos, yo el primero, dónde pasaremos la noche del 31, dónde haremos la cena y que cenaremos, cuanto bailaremos (a quienes les gusta bailar) y dónde iremos, los más presumidos y presumidas, como me vestiré esta noche para deslumbrar y sucesivamente todas, todas las preguntas intranscendentes, que se convierten en trascendentes, en la mayoría de las personas por el mero de hecho de un tránsito físico y mercantilizado de un año a otro.

Muchos, seguro, no miran a su alrededor a los miles de personas que esta noche están trabajando, como tantas otras noches, para que una inmensa mayoría, disfruten libremente de la salida de un año y la entrada (ambas cosas según se miren virtuales) en otro, derrochando alegría, algunas veces llena de fingimiento, fuerzas y dinero, fagocitando en algunas ocasiones, las libertades de terceros e hipotecando su propia existencia en aras a su egoísmo, es verdaderamente triste y penoso, cuando en nuestra sociedad y en la del tercer mundo, muchas, muchísimas personas, esta misma noche, la noche de la opulencia, de la alegría, del cambio de año, del desenfreno, de la lujuria y en muy pocas ocasiones del agradecimiento espiritual por nuestra vida, una “inmensa” minoría en nuestro mundo y una inmensa en el tercero, se están muriendo, si no de hambre, también de frio y me atrevo a decir que también de justicia, en nuestro alrededor sin inmutarnos lo más mínimo o en todo caso muy poco.

No soy nadie para dar lecciones de moralina, ni tampoco deseo que me las acepten, tuve una desgracia muy grande el año 98, concretamente día 31, que cambio mi forma de pensar y de sentir esta fecha, desgracia que no deseo a nadie, pero desde entonces entiendo algo mejor la vida y este día y suelo estar en la calle, esta noche disfrutándola, desde otro punto de vista, hay mucha gente que sin pedirlo, necesita ser atendida, y esta noche algunas horas me dedico a ello. Si alguien que me lee y este año hace algo similar, me sentiré recompensado, no en mi ego, pero si por la felicidad de los terceros a quienes atenderán.

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