El tan temido ‘foso de la orquesta’ de los políticos

Escenario, foso y sala de butacas.

En comunicación política, este foso es el que da tanto pavor a los cabezas pensantes que rodean al político de turno. Debería preocupar también al protagonista de la función, pero tiene un papel tan importante que lo que le rodea no le provoca la más mínima atención y se convierte en lo que los profesionales de la radio llaman ‘ruido‘ y sólo ‘ruido’. 

A no ser que las encuestas ad hoc que ‘alguien‘ hace periódicamente y en momentos puntuales le pongan la realidad frente a frente y se dé cuenta de que lo que falla, no son los proyectos, sino ‘la comunicación que se ha hecho’.

Este recién estrenado 2018 nos va a dar muchos ‘síndromes del foso de la orquesta‘ dónde, según dice el manual, prevalece lo emocional por encima de lo racional.

Pero cuidado que lo polémico, lo conflictivo, la controversia y también lo frívolo se puede volver en contra de aquel que piensa que su mensaje pueda ‘cuajar’ más y mejor en el caladero dónde le han programado la pesca (este año asistiremos a diversos y antogónicos escenarios). Cuidado también con la imagen.

La comunicación lineal, la oratoria plana, la de los ‘lugares comunes‘ y conceptos huecos hasta decir basta; aquella que se empeña en usar acrónimos y viejos proyectos que ninguno entiende, ya no la compra nadie.

Un término medio estaría perfecto. Las frases, argumentos y justificaciones manidas y previsibles, cuanto más lejos mejor. Si no tienen nada que decir, mejor callarse y esperar una mejor ocasión. No se cansarán ustedes y sus potenciales o reales seguidores tampoco.

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