Los hospitales públicos están saturados

La noticia de la semana es sin lugar a dudas el malestar ciudadano que ha ocasionado la saturación de los hospitales públicos a causa de la gripe.

Como es habitual en esta época del año somos muchos los que acudimos a las urgencias médicas esperando ser atendidos con la mayor rapidez y atención posible. Pero la imagen que estamos recibiendo estos días es la del colapso más absoluto. Todas las urgencias tienen sus salas de espera abarrotadas de pacientes que esperan su turno para ser diagnosticados y en su caso ingresados. Personas sobretodo de cierta edad, con alguna enfermedad crónica y con patologías añadidas al virus de la gripe, que se pasan horas y horas sentados en una silla por ausencia de camas libres, lo que agrava su situación y causa aún mayor desespero.

Para colmo de males, la falta de espacio se combina con la escasez de personal sanitario, que hace esfuerzos innegables por paliar esta situación. Y aunque van completamente desbordados intentan atender de forma digna a cada ciudadano que espera su ingreso.

Los sindicatos ya lo han avisado: “esperemos que no haya mayores desgracias”.

Es inevitable recordar que la epidemia de la gripe llega periódicamente a Baleares sobre estas fechas y lo hace con unas semanas de retraso respecto de la península, por lo que esta situación no puede achacarse al desconocimiento e imprevisión. A su vez la tasa de incidencia de la enfermedad es mucho menor en nuestras islas respecto del resto de España, por lo que tampoco debería ser una situación materialmente incontrolable.

Un govern que se llena la boca con el rescate de las personas no puede tener 57 pacientes en la puerta de Son Espases esperando un ingreso hospitalario o 42 en las urgencias de Son Llátzer, ni mucho menos 23 operaciones quirúrgicas programadas y suspendidas por falta de medios. Es evidente que falta interés político por apostar por un servicio tan prioritario como es la salud pública.

Desde el Partido Popular hemos reclamado la comparecencia en el Parlamento balear de la consellera de Salud Patricia Gómez por la via de urgencia para tener información de lo que está pasando, las medidas que piensa adoptar y su asunción de la responsabilidad en el asunto.

No se puede tolerar que una comunidad autónoma como la nuestra, claramente en recuperación económica y con mil millones de euros más en las arcas públicas, se encuentre ante tal degradación de la calidad asistencial y del trato humano en sus hospitales. Tampoco es lógico que no haya habido ni una sola inversión sanitaria reseñable en los últimos tres años para modernizar la red hospitalaria. Y si a ello le sumamos las decisiones arbitrarias y caóticas en materia de personal con la imposición del requisito del catalán y la consecuente fuga de especialistas, el despropósito está servido.

Creo que merecemos alguna explicación.

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