La estrategia socialista de atacar a la oposición

Resulta llamativo que la política que gobierna esta legislatura se base en intentar desgastar al contrario, desempolvando asuntos del pasado que puedan dar una mala imagen del principal partido de la oposición.

Como si de una espiral perversa se tratara, los socialistas que gobiernan y deben ser controlados en su gestión, contraatacan continuamente la gestión pasada de los que hoy en día les controlan a ellos. Dando una imagen pésima del “y tú más” o “yo pego más fuerte”.

Para muestra un botón. Que el Consell de Govern haya decidido exigir al Partido Popular que devuelva la subvención de 212.000 € recibida legalmente en función de su representación ciudadana para la campaña del año 2007, en contra del dictamen del Consell Consultiu que establece que solo son reclamables 7.000 € que no se destinaron correctamente, que además lo exija cuando han transcurrido diez años y sin que medie una sentencia sobre la devolución, demuestra que el odio político puede más que la lógica. Aparte de ser una decisión bastante sospechosa de un abuso político de las instituciones públicas, confundiendo partido y gobierno de forma inaceptable para contentar el segmento social más radical.

Quizás los actuales inquilinos del Consolat necesiten crear cortinas de humo alrededor de su gestión con los escandalosos contratos de algunas consejerías del Pacte en manos de la Fiscalía, y utilizan la estrategia de remover el pasado popular para desviar la atención.

O tal vez es el resultado de la mediocridad política, que con el tiempo escuece en el ADN de una izquierda acomplejada por anteriores pactos de progreso con resultados catastróficos. En todo caso se da una imagen triste y decepcionante en la calle.

La política ha de ser ilusión, proyecto, ganas de mejorar las cosas y de contarlas. Ha de contener fuerza y estabilidad para tomar decisiones correctas sobre las necesidades actuales y tiene que dejar entrever un futuro esperanzador hasta donde nos alcance la vista. Y si se gobierna en un buen momento económico, con 1.300 millones de euros más en las arcas públicas, sería incluso de una lógica aplastante. Lástima que lógica y política no siempre vayan de la mano.

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