Muere en Berlín el director de orquesta Jesús López Cobos

El director de orquesta Jesús López Cobos ha fallecido la madrugada de este viernes en Berlín a consecuencia de un cáncer y sus restos serán trasladados a Toro (Zamora) su ciudad natal, donde serán enterrados.

Nacido en 1940, tras acabar sus estudios de Filosofía en Madrid, decidió dedicar su vida a la dirección de orquesta, para lo que se diplomó en el Conservatorio de Viena en el área de Composición, ha informado hoy su agencia, Conciertos Vitoria.

Tras dirigir las mejores orquestas del mundo, fue Director general de la Ópera de Berlín entre 1981 y 1990, Director de la Orquesta Nacional de España entre 1986 y 2000 y de la Orquesta Sinfónica de Cincinnati entre 1990 y 2000.

Esta es la nota de prensa enviada a los medios por Conciertos Vitoria:

El maestro Jesús López Cobos ha fallecido esta madrugada en Berlín. Sus restos serán trasladados a Toro, Zamora, su ciudad de natal, donde serán enterrados. Desde su agencia, Conciertos Vitoria, queremos trasmitir el inmenso amor y profesionalidad que ha protagonizado nuestra relación con él a lo largo de toda su carrera. Nacido en 1940, tras acabar sus estudios de Filosofía en Madrid, decidió dedicar su vida a la dirección de orquesta trasladándose en un principio al Conservatorio de Viena diplomándose allí en el área de Composición. Él mismo agradeció siempre a Hans Swarowsky, Franco Ferrara y Peter Maag, de quien fue ayudante en Venecia y quien le dio su primera oportunidad de dirigir como titular una Flauta mágica, sus primeros pasos hacia el podio. Tras dirigir las mejores orquestas del mundo, fue Director general de la Ópera de Berlín entre 1981 y 1990, Director de la Orquesta Nacional de España entre 1984 y 1988 y de la Orquesta Sinfónica de Cincinnati entre 1990 y 2000.

Desde 2003 y hasta 2010 fue Director Musical del Teatro Real de Madrid. Amaba su trabajo por encima de todo y sabía que el cincuenta por ciento de su quehacer sobre el podio consistía en explicar a los músicos su visión de cada obra, sin querer imponer que ésta fuera la única posible.

Disfrutaba muchísimo con la ópera, y destacó el Così fan tutte de Mozart como su favorita, por su sabia combinación entre la alegría de saberse vivo y la tristeza de algunos de los pasajes de nuestro propio devenir en este mundo.

Nunca dejó de ser un gran filósofo en sus ejecuciones y, posiblemente, querría ser recordado hoy con otra de las grandes obras con las que más identificado se sentía: el Réquiem de Brahms.

En su Tercer movimiento el texto nos dice: “Revélame Señor que mis días deben tener un fin, que mi vida tiene un destino y que me debo a él”. Todos los que tuvimos la fortuna de tenerlo cerca sabemos que el maestro entendió ese destino en este mundo, la música… esperamos esperanzados que ahora encuentre con serenidad su sitio más allá de este mundo.

Deja un comentario / Mallorca Confidencial no se hace responsable de los comentarios vertidos en su web.