Más de 5.000 personas dan el último adiós a Gabriel en la capilla ardiente de la Diputación de Almería

Más de 5.000 personas han pasado por el Patio de Luces de la Diputación Provincial de Almería donde se ha instalado la capilla ardiente del pequeño Gabriel Cruz, el niño de ocho años que desapareció el pasado 27 de febrero en Las Hortichuelas en Níjar (Almería) y cuyo cuerpo fue encontrado este domingo por los investigadores en el maletero del coche que conducía Ana Julia Quezada, la hasta ahora novia del padre del pequeño y única detenida por el momento.

El Palacio Provincial ha cambiado de aroma gradualmente a lo largo de la tarde ante los centenares de ramos de flores blancas y coronas que los ciudadanos han traído a los familiares con mensajes de afecto y dolor y que se han ido depositando en torno al pequeño y pálido féretro, rodeado de banderas a media asta machadas con un crespón negro y de dos fotos de Gabriel: una, la empleada en los carteles que anunciaban su desaparición, y otra, enmarcada en dorado en la que parece con su bufanda celeste, la misma que su madre, Patricia Ramírez, no se ha quitado desde que se perdiera la pista del menor.

El tapiz azul sobre el que se asienta el féretro de Gabriel se ha convertido en un profundo mar azul tras quedar cubierto por completo por las decenas de peces, en dibujos, peluches, pegatinas y demás adornos y entretenimientos infantiles, que les han ofrecido como obsequio tanto adultos como niños de su misma edad, quienes también han llenado un gran mural ubicado a la salida con mensajes llenos de amor.

Son centenares de personas las que guardan cola en la calle para despedirse de Gabriel, de forma que la fila se extiende por las vías aledañas en más de 600 metros pese al frío viento que envuelve la ciudad. Muchas de ellas, algunas llegadas desde otras provincias, llevaban esperando desde las 13,00 horas a que se abriera la capilla, a la que los ciudadanos han podido acceder pasadas las 17,30 horas tras dar acceso al entorno familiar más cercano.

Antes de esto, los vecinos congregados en la céntrica calle Navarro Rodrigo han podido ver cómo el menudo ataúd llegaba escoltado por un coche fúnebre a las 16,20 horas y era introducido por la puerta principal de la Diputación, lo que ha levantado un aplauso espontáneo. Mientras, los padres de Gabriel accedían el edificio por una entrada lateral, alejados de los focos de las cámaras, ante los que apenas se han dejado ver durante las exequias, ya que ocupan una estancia anexa donde la privacidad es mayor.

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