¿Palma, Patrimonio de la Humanidad?

Hace unos años, durante la pasada legislatura municipal del Partido Popular, creo recordar, se formo una Comisión compuesta por diferentes entidades y particulares de la sociedad civil palmesana y de la cual tuve el honor de formar parte, al menos en su constitución y en otra reunión de la misma, para que Palma, fuera en el tiempo, declarada Patrimonio de la Humanidad, no sé como terminó esta Comisión pero si sé que no volví a ser convocado a la misma o si feneció.

Palma, por el momento, aún no es Patrimonio de la Humanidad. Quince son las ciudades españolas que hoy tienen este honor ganado a no dudar a pulso y con esfuerzo con sus ciudadanos volcados de corazón en mantener esta categoría magnifica expresión de cultura.

Palma debería ponerse las pilas en este sentido y entrar por la puerta grande en la élite de estas ciudades aunque dudo que nuestros munícipes estén por esta labor ya que tanto los unos como los otros se pierden la mayoría de las veces en discusiones estériles sobre el sexo de los ángeles o por su propio egocentrismo político. Palma merece mucho más. Nadie se atreve ponerle el cascabel al gato porque éste cascabel es demasiado grande o por temor al zarpazo que el gato pueda darles a sus intereses políticos.

Un tiempo me costaba creer en la bondad de la peatonización de calles hecho que de hace ya unos años veo absolutamente imprescindible que de esta forma sea y es más peatonizaria Palma en su totalidad, de rondas hacia el centro, fomentando las bellezas patrimoniales de nuestra ciudad en las calles de su casco histórico, que por otro lado se dice que es uno de los mayores de España, hoy realmente poco explotado y digno de ser considerado Patrimonio de la Humanidad.

He visitado esta Semana Santa, Alcalá de Henares, Cuenca, Salamanca, Ávila y Toledo deliciosos paseos por sus centros históricos, peatonizados todos en mayor o menor medida, absolutamente respetados, mimados y admirados, limpios y cuidados con ciudadanos implicados en sus barrios, perfectamente señalizados y absolutamente compatibilizadas con el medio sus actividades mercantiles, favoreciendo mayoritariamente su disfrute sin cortapisa alguna, un engranaje de medio y hombre perfectamente engrasado y envidia de los visitantes.

Pongan este cascabel al gato, elementos los tenemos todos y quizás más, cabe pues la pregunta ¿Qué nos falta? Y la respuesta a la misma es muy variada y quizás hiriente creo seguro que nos falta; desde cultura a generosidad, valentía, educación, pacto social, respeto, ambición y sobre todo una tremenda visión de futuro basada en el patrimonio ancestral que tenemos. ¿Serán capaces nuestros políticos de este logro olvidándose de su color? Lo dudo.

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