La izquierda pierde sus espacios entre abismos personales

La actualidad nos desborda con noticias que cuestionan el ámbito político incidiendo en la opinión que tiene la ciudadanía. La derecha española representada por el PP ha recibido una de cal y otra de arena con la sentencia del primer capítulo del caso Gürtel y con la aprobación in extremis de los Presupuestos Generales del Estado para 2018, justo horas antes de conocerse el veredicto sobre la trama Gürtel. Desde Podemos, asistimos a la manipulación de sus bases convocadas a una consulta para ratificar la compra del chalet de Pablo Iglesias e Irene Montero, desvirtuando el concepto de democracia interna y participación.

¿Se trata de una burla a las bases y a los ciudadanos identificados con los movimientos de izquierda? Es de señalar que quienes militamos en Podemos no hemos votado ni debatido para decidir sobre cuestiones fundamentales como el programa o la táctica electoral a nivel local, autonómico o nacional. Esas decisiones corresponden exclusivamente a la figura de la persona que
ostenta la secretaria general y allegados. En este sentido, vale la pena recordar que la portavoz del grupo parlamentario en el Congreso es un cargo designado a dedo, hecho criticado abiertamente desde las mismas bases que son llamadas a ratificar la legitimidad y continuidad de los líderes del proyecto.

En el mundo de las contradicciones o de las apariencias pensadas, Podemos, se configura como una alternativa en el que las bases podrían proponer y participar activamente en el diseño y acción de las políticas que se implementarían, pasando a ser decisores. Todo ha sido un bluf, solo se nos ha permitido votar en las primarias para ir o no en confluencia con otras fuerzas amigas
indeterminadas porque será la Cúpula de Madrid quien una vez más decida.

¿Hasta cuándo los militantes e inscritos en Podemos permitiremos esta degeneración democrática y falta de respeto a la ciudadanía que confió en el proyecto como opción de relevo político? Aunque desde Podemos sigan cambiando los ejes de coordenadas para tratar de enmendar los desvíos de un proyecto colectivo hacia uno personalista, se puede evidenciar que se ha perdido una oportunidad única para la transformación real de la izquierda española. Replican a consciencia el modelo que se criticó y que abanderó la campaña por la recuperación de la alegría ante la posibilidad de romper definitivamente el bipartidismo y la llegada a la Moncloa de la izquierda, por lo tanto, no es de extrañar el no desalojo al Sr. Mariano Rajoy o a la Sra. Cristina Cifuentes.

Los personalismos de Podemos y su deformación como una plataforma virtual que no escucha activamente a la gente de carne y hueso, además, de su intento de engullir a IU en la falsa alianza Unidos Podemos, está siendo un flaco favor a la democracia al consolidar a C’s y al PP.

El descontento aparece como sombra entre la ciudadanía y en quienes desde la ilusión hemos participado desde roles que debieron ser determinantes. En estos tres años no hemos aprovechado los espacios ganados para generar bienestar a quienes nos votaron. Siguen persistiendo y agudizándose los problemas estructurales a los que al menos debimos ofrecer alguna salida: la insostenible presión territorial que sufrimos debido al descomunal aumento del turismo, el caos de movilidad existente en cada isla, entre islas y con la península, la precariedad y la temporalidad laboral, el modelo productivo basado en la dependencia sobre el monocultivo turístico, la emergencia habitacional fundamentada en la falta de acceso a la vivienda y en el precio del alquiler desorbitado, la nula intención política por apostar a tener unas islas sostenibles socioeconómica y medioambientalmente, la crisis del sistema educativo, sanitario y de los servicios sociales, entre otros.

Esta falta de visión y valentía política se ha confundido con un sentimiento de respeto y consideración a un proyecto que nace con la enunciación de ser producto de los movimientos sociales reivindicativos en los que hemos militado. Desde la autocrítica, seguramente, hemos podido tomar decisiones contundentes antes de que el vaso se derramara con la gota de un llamamiento a una consulta – fraude de la que se sabe de antemano el resultado. Nos ha ganado la disciplina y el deseo de creer que el diálogo interno era la opción.

Ha llegado el momento de dar un paso hacia delante, no para huir o asaltar el cielo, para cumplir con la tarea pertinente: Reivindicar la participación real de quienes quisimos construir un proyecto conjunto en donde poder decidir todas y todos y no ahora decidir si el máximo responsable del partido tiene que dimitir por comprase un chalet.

Salvador Aguilera Carrillo
Parlamentario de Illes Balears

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