Empieza el juicio contra el ex párroco de Selva por tocamientos a una menor

Sede del Tribunal Superior de Justicia de Baleares (Foto: María Jesús Almendáriz)
Sede del Tribunal Superior de Justicia de Baleares (Foto: María Jesús Almendáriz)

La Audiencia Provincial de Palma juzga este miércoles a A.C.O., un ex párroco de 74 años que ejercía en Selva y que en 2015 aprovechó que estaba en su casa de Santanyí en compañía de una menor de 12 años de edad para, presuntamente, someterla a tocamientos.

Según el escrito de acusación, la niña tenía miedo de dormir sola y se acostó en la cama del acusado. Así pues, este empezó -supuestamente- a tocarle el abdomen, bajando hasta la cadera y la ingle, momento en que la menor le propinó un codazo para que parara.

A pesar de esto, el hombre volvió a repetir los tocamientos hasta que la niña le volvió a dar otro codazo. Los hechos constituyen un delito de abuso sexual y el encausado se enfrenta a una pena de tres años de cárcel.

Cabe destacar que este es el segundo juicio en Mallorca en el que se acusa a un cura por abusos sexuales a menores. En el primer caso, se condenó a seis años de cárcel a Pere Bárceló, ex párroco de Can Picafort por delitos de agresión sexual y abuso a menores.

En el juicio, que tuvo lugar en julio de 2016, el sacerdote aceptó los hechos de los que se les acusaba: haber violado a una monaguilla menor de diez años en varias ocasiones entre 1997 y 1998.

Durante su declaración, el ex capellán se mostró “totalmente arrepentido” y aceptó tras ello una pena de seis años de cárcel frente a los 42 que solicitaba la Fiscalía inicialmente para él.

En concreto, el sacerdote, que fue destinado en junio de 1996 a ejercer su ministerio como párroco de la Iglesia de l’Assumpció de Maria, a principios de 1997 entabló relación con su víctima al acudir ésta a la catequesis de forma regular y realizar labores de monaguilla.

La joven, que tenía 29 años en el juicio, relató su experiencia entre lágrimas y, visiblemente afectada, recordó cómo en 1998 fue violada en más de diez ocasiones mientras le tapaba la boca y la sujetaba fuertemente para que no pudiera moverse ni escapar.

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