Si tuvieran hambre habría barricadas en las calles, aquí vienen por necesidad

Una voluntaria habla con un antiguo beneficiario que ahora también ayuda (Foto: María Jesús Almendáriz)
Una voluntaria habla con un antiguo beneficiario que ahora también ayuda (Foto: María Jesús Almendáriz)

Estamos en 2018, pero Baleares sigue viviendo una cruda realidad a pesar de que políticos y algunos economistas se empeñan en afirmar que la crisis ha acabado. Lo demuestra la demanda creciente que actualmente tienen ONGs como Mallorca Sense Fam de familias cuyos miembros están en paro o si trabajan, tienen bajos sueldos que no les permiten llegar a final de mes y pagar luz, agua, alquiler y comida. Mallorca Sense Fam, casi 9 años después de su fundación, sigue a pleno rendimiento y ayudando cada vez más a familias de trabajadores palmesanos que acuden a esta ONG por necesidad.

MallorcaConfidencial ha entrado en este banco de alimentos que soluciona la papeleta a muchas de estas familias que trabajan pero no llegan a cubrir todas sus necesidades básicas y que ya forman parte del concepto laboral que ya se ha acuñado como «trabajadores pobres».

Voluntarios seleccionan las verduras que han sido donadas (Foto: María Jesús Almendáriz)
Voluntarios seleccionan las verduras que han sido donadas (Foto: María Jesús Almendáriz)

Todo empezó cuando un ciudadano se acercó a un sacerdote por la calle para pedirle ayuda

Mallorca Sense Fam nació en 2009 en plena crisis económica en una casa particular y cuya fundadora, Juana Vidal de 92 años, todavía se acercaba a los locales el año pasado. En casa de Juana, con Charo Chacártegui, Onofre Rosselló, Cati Aguiló y el sacerdote Lorenzo, se gestaría lo que empezó ayudando a 7 familias y hoy ya son 7.157 familias, 23.328 personas.

Al padre Lorenzo se le acercó por la calle una persona de aquí pidiéndole ayuda, algo impensable entonces y también ahora en la Mallorca de las grandes cifras económicas, los grandes barcos y de los millones de turistas, y ahí empezó todo.

El supermercado de la necesidad

Los locales de la calle Vinyet funcionan como una especie de supermercado, con una ficha con diferentes productos a los que se les ha asignado una serie de puntos.

Las familias recogen en los carros, cedidos por una firma comercial, los alimentos o productos de limpieza e higiene personal dispuestos en estanterías y después pasan por una mesa de voluntarios para chequear que los alimentos y los puntos guarden la correlación que toca.

Un voluntario coloca en las estanterías los alimentos y productos donados (Foto: María Jesús Almendáriz)
Un voluntario coloca en las estanterías los alimentos y productos donados (Foto: María Jesús Almendáriz)

Una vez al mes llenan el carro con lo que les corresponde

Esto sucede una vez al mes.  Cada 30 días pueden llenar sus carros con: leche, galletas varias, aceite, pasta variada, arroz, atún, azúcar, fruta en conserva, cacao soluble, legumbres cocidas, tomate en conserva, crema de verdura, judías verdes en conserva, sardinas, potitos frutas, potitos carne, cereales infantiles, leche de continuación, lavavajillas, lejía, papel higiénico, detergente ropa, gel ducha, pasta dentífrica, cepillo dental, jabón manos, huevos, productos frescos y pan. Esta es la distribución solidaria de alimentos.

Estanterías con alimentos que recogerán los beneficiados (Foto: María Jesús Almendáriz)
Estanterías con alimentos que recogerán los beneficiados (Foto: María Jesús Almendáriz)

Según el número de miembros en la familia tienen asignados los puntos para comprar

Cada familia, según el número de miembros, tiene una cantidad asignada de puntos y los alimentos están marcados en las estanterías con un ‘precio’ que en realidad son puntos y el máximo de unidades que se pueden ‘comprar’.

Realizada la ‘compra’ de los alimentos se comprueba que cada familia beneficiaria recibe la cantidad de alimentos en función de los puntos que le corresponde.

Los voluntarios comprueban que los puntos de cada familia equivalen a lo que han cogido (Foto: María Jesús Almendáriz)
Los voluntarios comprueban que los puntos de cada familia equivalen a lo que han cogido (Foto: María Jesús Almendáriz)

¿Cómo seleccionan a las familias?

La selección de las familias se realiza en una entrevista dirigida por una psicóloga y en la que colaboran 7 voluntarias de asistencia social, donde se comprueba que los ingresos mínimos no superan el baremo establecido y que la documentación solicitada está en regla.

Los voluntarios sociales que analizan la situación de las familias (Foto: María Jesús Almendáriz)
En la imagen voluntarios sociales que analizan la situación de las familias (Foto: María Jesús Almendáriz)

Beneficiarios con ingresos mínimos

El perfil medio de las familias beneficiarias es el de parejas jóvenes, con niños, sin trabajo o con ingresos mínimos. También acuden personas mayores que viven solas, familias monoparentales y personas sin recursos con responsabilidades familiares.

Dos voluntarias en la recepción del centro de alimentos (Foto: María Jesús Almendáriz)
Dos atentas voluntarias en la recepción del centro de alimentos (Foto: María Jesús Almendáriz)

Un dato preocupante: las familias españolas las más numerosas

De todas ellas, hay un dato que llama poderosamente la atención: que el número de familias españolas supera al número de otros países como Marruecos, que en el cómputo global es el segundo país por detrás de España en ser beneficiario de Mallorca Sense Fam. Le siguen Nigeria, Bolivia, Ecuador, Mali y República Dominicana. El resto de países están presentes en menor número.

Las voluntarias Jero y Cristina en la oficina de contabilidad (Foto: María Jesús Almendáriz)
Las voluntarias Jero y Cristina en la oficina de contabilidad (Foto: María Jesús Almendáriz)

Trabajadores pobres

Otro dato a tener en cuenta y que confirma que se trata de trabajadores pobres es que la demanda sigue el ciclo del sector turístico y en los meses de primavera-verano es cuando se reduce considerablemente la asistencia al supermercado solidario.

Más de 100 voluntarios colaboran de forma totalmente altruista en las tareas que requiere la ONG. En el Supermercado Solidario cada miércoles colaboran entre 25 y 30 voluntarios que preparan y distribuyen los alimentos en cada una de las estanterías.

Tres voluntarios organizan en el almacen la ropa y otros enseres que reciben (Foto: María Jesús Almendáriz)
Tres voluntarios organizan en el almacén la ropa y otros enseres que reciben (Foto: María Jesús Almendáriz)

Voluntarios de hasta 84 años

En el mismo edificio otros voluntarios realizan la selección de enseres donados que después los venden en mercadillos solidarios para obtener fondos.

También venden artículos hechos en casa por personas solidarias o por voluntarias octogenarias, como Catalina Reus, una octogenaria de 84 años que ha sido reclutada por su propia hija para que haga delantales, almohadones, carteritas para la ropa. Es la madre de Jero Balaguer, extrabajadora de la Banca, como muchos de los voluntarios de Mallorca Sense Fam que junto a Juan Martorell, procedente de la Banca (dicen que el alma mater del proyecto actual), Cristina Alcover, economista y extrabajadora de Gesa y Pedro Miralles, también jubilado de Banca March, están cada miércoles en las oficinas y al frente del supermercado solidario.

Nota: Todas las personas que aparecen en este reportaje son voluntarios y voluntarias. El único beneficiario que no tuvo ningún problema en posar para nosotros lo hace de espaldas.

 

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