El cuñado del Rey, aislado como Roldán en la cárcel de mujeres de Brieva

Iñaki Urdangarin podrá disfrutar previsiblemente de permisos a partir de los 17 meses y medio si es clasificado en segundo grado por Instituciones Penitenciarias desde su ingreso en prisión este lunes en la cárcel de mujeres de Brieva (Ávila), donde quedará aislado en el mismo pabellón, con apenas cinco celdas para hombres, en el que cumplió condena el exdirector de la Guardia Civil Luis Roldán, según han explicado jurídicas y penitenciarias.

Sin detrimento de que pueda solicitar un indulto o recurrir al Tribunal Constitucional, el marido de la Infanta Cristina tendrá que esperar a la Navidad de 2019 para disfrutar de la cárcel si, como se espera, es clasificado en segundo grado. En ese momento se abriría la puerta para el tercer grado en aplicación del artículo 100.2, que introduce el principio de flexibilidad.

La opción de que Urdangarin disfrutara directamente de la semilibertad la determinaría la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias si optara directamente por su clasificación en tercer grado, atendiendo a cuestiones a su favor como que es la primera condena que cumple o la escasa posibilidad de reincidencia. Fuentes jurídicas subrayan que lo esperable es que se opte por un segundo grado, lo que retrasaría estos beneficios a los 17 meses y medio.

Aseguran que, de acuerdo a la ley penitenciaria y al criterio general aplicado en casos similares, su primer permiso en segundo grado sería uno de fin de semana y que, a partir de ahí, Urdangarin puede disfrutar de cuatro o cinco días hasta un máximo de 36 días por año, impidiéndole abandonar España. El exduque de Palma vive en Ginebra, donde tiene fijada su residencia con la Infanta Cristina y sus cuatro hijos.

Aseguran que, de acuerdo a la ley penitenciaria y al criterio general aplicado en casos similares, su primer permiso en segundo grado sería uno de fin de semana y que, a partir de ahí, Urdangarin puede disfrutar de cuatro o cinco días hasta un máximo de 36 días por año, impidiéndole abandonar España. El exduque de Palma vive en Ginebra, donde tiene fijada su residencia con la Infanta Cristina y sus cuatro hijos.

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