“No hace ninguna gracia que seamos un destino turístico suicidiario”

Por María Jesús Almendáriz

El neurólogo Antonio Rossiñol ha decidido dar un paso adelante y poner en conocimiento del Colegio de Médicos que hay que hacer algo tras las últimas muertes de jóvenes turistas haciendo balconing. Afirma que todos los indicios apuntan a que tras estas prácticas está la ingesta de alucinógenos.

Neurólogo Antonio Rossiñol 2

“Debemos tomar cartas en el asunto. Es un tema de gravedad social. Debemos responder y como neurólogo creo que debemos alertar de qué está pasando algo”. Así de contundente se muestra el doctor Rossiñol cuando en mallorcaconfidencial.com le preguntamos por qué ha decidido visibilizar, desde el punto de vista médico, el grave y mortal problema del balconing.

– ¿Qué le ha llevado a tomar esta decisión?

Es una problemática muy repetitiva y estadísticamente muy llamativa por dos razones. La primera por la edad de los turistas que mueren o han quedado gravemente heridos. Y en segundo lugar porque el balconing se da en zonas relacionadas con el mucho de la noche de Mallorca. Visto esto, deberíamos tomar medidas.

– ¿Está claro, por tanto, que en estas prácticas interviene algo más que el alcohol?

Así es. El alcohol afecta a los niveles de conciencia cuantitativamente: Baja el nivel del equilibrio, de la capacidad de discernir, del peligro. En el balconing, sin embargo, vemos que es un efecto cualitativo porque afecta a la corteza cerebral, a la corteza neuronal, por lo que deduzco que debe estar relacionado con las sustancias psicodislépticas que alteran la cualidad de la percepción.

– Y ¿cuales son las reacciones?

Al afectar a la relación espacio-tiempo, quedas en un ‘flotar’ de un mundo nuevo. Afecta a la percepción de las distancias, de los volúmenes, del tiempo. El presente, como tal, desaparece en el momento en el que estás en el balcón. Hay una sensación alucinante o alucinatoria.

– Por tanto, ¿hay una ausencia total de la realidad, no?

Confirmo que hay un montón de sustancias que a una dosis (equis), cuando las tomas dan una percepción anómala y de ausencia total de la realidad. Tu situación (la del joven turista que se precipita al vacío) se transforma con el medio exterior.

– Hablamos por tanto ¿de qué sustancia?

Hay indicios más que suficientes desde el punto de vista neurálgico de que se trata de algún tipo de sustancias alucinógenas que distorsionan la realidad y la sensación de las distancias.

– ¿Estamos en una situación grave?

Es un problema muy serio. Sólo hay que recordar aquel joven que entró en un hotel en el que no estaba registrado y para él era el suyo y no le cabía la menor duda. No se discierne. Por eso debemos tomar cartas en el asunto. Es un tema de gravedad y como neurólogo creo que debemos alertar de qué está pasando algo.

Quiere decir que sólo con el alcohol no se llega a estas prácticas

Tiene que haber una poli ingesta que afecta de tal manera que en un momento dado si el joven está en un balcón puede ponerse a volar perfectamente como cuando se tomaba LSD en los sesenta en EEUU. Estamos hablando de sustancias psicodislépticas o alucinatorias. Habría que preguntar a los que han sobrevivido ¿qué se les pasó por la cabeza?, aunque es probable que recuerden muy poco o nada. Pero desde el punto de vista científico y médico sería bueno poder contrastar el antes y el después.

– Me comentaba usted que no hace ninguna gracia que seamos un destino turístico suicidario

Sí. Hace una semana estaba de viaje en el extranjero y una televisión internacional, probablemente la BBC, hablaba de las muertes en Mallorca de jóvenes haciendo balconing. Ahí es cuando te das cuenta de no hace ninguna gracia que seamos un destino turístico suicidario, por lo que debemos tomárnoslo como una cosa que nos repercute a todos. No creo que sean chavales enfermos los que vienen de vacaciones. Hay un serio problema de intoxicación por sustancias fáciles de conseguir que afecta al comportamiento de estos jóvenes.

– Aquí pasa algo que se sale de lo normal entre comillas ¿no?

Exacto. Aquí pasa algo más. Aquí debe haber algún tóxico que se sale de la simple borrachera de verano. Pero quiero dejar claro que no es una alarma social, pero sí una interpretación social. No es normal. Hay sustancias al uso que tienen efectos alucinógenos.

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