Un migrante del Aquarius: En Libia me obligaron a violar a menores

Un camerunés y un sudanés, de 26 y 28 años de edad respectivamente, han sido los que desde Mallorca y con sus terribles, dramáticos y terroríficos testimonios han dado voz a los miles y miles de migrantes que huyen de sus países y quedan atrapados en el mundo de las mafias que trafican con seres humanos. “Me obligaron a beber alcohol, a violar a menores y a practicar zoofilia”, es parte del relato del joven sudanés que ha contado ante la estupefacción de los periodistas allí presentes.

El camerunés Ntouba Japhet, de 26 años, y el sudanés Omran Osman, de 28 años, que de momento viven de acogida en el centro de Son Rapinya, han relatado con la ayuda de una interprete algunas de sus vivencias en un encuentro con la prensa mantenido en la Consellería de Servicios Sociales y Cooperación.

Los dos migrantes africanos que llegaron a Palma el pasado 25 de julio, tras ser rescatados de sendas pateras por el Aquarius (Foto: Lluis FGM)
Dos migrantes que fueron rescatados de sendas pateras por el Aquarius (Foto: Lluis FGM)

El barco Aquarius recogió a 630 inmigrantes, que trasladó a Valencia, después de que Italia y Malta les cerraran los puertos.

16 de ellos fueron derivados posteriormente a Mallorca y Ntouba y Omran son dos de ellos que han puesto ojos y cara a una situación que está provocando graves problemas en Europa, en España y que, cada vez más, apunta a que la solución es en el país de origen, o sí, o sí.

Sudán: En 2016 mataron a mi padre

Osman, tras leer un manifiesto en el que ha mostrado su agradecimiento a todo aquel que le ha prestado ayuda, ha señalado, que, “en 2016 mataron a mi padre y yo salí de Sudán atravesando el desierto del Sahara durante quince días, sin agua ni comida, pero fui capturado por la aviación de Libia”.

El sudanés ha explicado que los militares libios le encarcelaron durante siete meses y exigieron por ponerle en libertad la suma de 14.000 dinares (unos 8.745 euros).

“Al no tener dinero ni yo ni mis padres, mi familia optó por vender nuestra casa en Sudán y, tras pagar, pude salir”, ha contado Osman.

“Durante estos siete meses de cárcel, murieron 17 personas; nos pegaban a diario y sólo nos daban de comer una vez al día pasta con agua y sal”, ha precisado.

La vida en Libia, un infierno

Omran Osman huyó de Sudán, país en situación de guerra civil y dependiente económicamente de la agricultura, porque “allí no hay dinero, no hay nada”.

“La vida es triste, hay que huir de las calles y decidí intentar transformar mi vida”, ha explicado.

Una vez liberado de la cárcel libia, Osman marchó a Trípoli, dónde trabajó en una huerta.

Me obligaron a violar a menores

“Me obligaron a beber alcohol, a violar a menores y a practicar zoofilia”, ha relatado. “Duré cuatro meses y, sin saber porqué, me volvieron a encarcelar”

El joven sudanés ha explicado que en esta cárcel “me pegaban cada día, me llamaban esclavo negro y me pedían 5.000 dinares si quería salir”. “Al no disponer del dinero, logré huir”.

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A la desesperada, Osman pudo embarcarse en una patera que, desde Dwala (Zimbabwe) les debía llevar “a algún lugar de Europa”.

120 personas en la barca

“Éramos 120 personas en la barca”, ha precisado el sudanés, pero muy pronto “nos quedamos sin gasoil, sin agua, sin comida y a la deriva”. “Pasaron tres lanchas italianas pero no nos quisieron recoger”, ha precisado.

Osman ha relatado que más tarde pasó un barco libio que les recogió y, que una vez a bordo, fueron informados por el capitán de iban a ser devueltos a Libia.

“Ante esta posibilidad, otras 12 personas y yo nos lanzamos al mar y, ésta vez sí, los italianos nos llevaron hasta el barco Aquarius”.

“Allí volvimos a nacer”, ha dicho.

“¿Qué pasará ahora conmigo? No tengo ni idea, a mí me gustaría aprender español y casarme aquí, pero no sé qué va a pasar con los papeles”, ha dicho Osman.

Camerunés: Cayó en manos de las mafias

Por su parte, Ntouba Japhet, casado y con dos hijos de 6 y 4 años, ha contado que al no poder mantener a su familia, optó por escapar de Camerún e intentó hacerlo a través de Nigeria y Argelia.

Ntouba Japhet,, al no poder mantener a su familia, optó por escapar de Camerún (foto: Lluis FGM)
Ntouba Japhet,, al no poder mantener a su familia, optó por escapar de Camerún (Foto: Lluis FGM)

“En Nigeria me cogieron como rehén, me pegaron y estuve a punto de morir al estar cuatro días sin beber agua”, ha explicado.

Japhet cayó en poder de una de las mafia dedicada al tráfico de seres humanos, que fue la que le trasladó en un autocar junto a otros hasta Libia

Nos vendieron como esclavos

“Allí nos vendieron como esclavos y nuestros nuevos dueños nos hacinaron en una pequeña habitación, sin lavabos ni comida”, ha recordado durante su relato.

Ha contado también Japhet que con 1.000 euros que consiguió su familia y dio a sus carceleros logró salir de aquel infierno.

“Me tenían colgado, cabeza abajo, durante muchas horas, con grilletes puestos y sangrando abundantemente; tenía que hacer algo”, ha señalado.

“Arriesgué la vida enviando un washapp a mi familia para que vieran como estaba y amigos de mi gente recogieron dinero para ayudarme”, ha explicado, mostrando unas fotos escalofriantes guardadas en su teléfono móvil.

“Si me llegan a pillar, ahora estaría muerto”, ha dicho.

Una vez en libertad, Japhet pagó otros 1.000 euros que había ganado trabajando, para poder ir en una patera con destino incierto en la que se metieron 118 personas.

Morir, antes que no llegar a Europa

“Prefería morir intentando llegar a Europa antes que volver atrás”, ha enfatizado.

Japhet ha recordado que muy pronto se quedaron sin agua, ni comida, ni combustible y que la patera quedo la deriva en el mar.

“Cuando achicábamos agua de la patera, un helicóptero nos sobrevoló y dio aviso al Aquarius”, recuerda Japhet.

“En medio de la noche llegó el Aquarius, la patera volcó y hubo cinco muertos, aunque pudimos salvar a las mujeres, incluso a una que estaba embarazada”, ha relatado el camerunés.

Una noche escalofriante

“Había gente que no sabía nadar, otros que no sabían colocarse los chalecos salvavidas, otros que no entendían ni el inglés ni el francés…Nunca olvidaré esta noche”, ha rememorado.

Ahora, una vez en Palma, a Japhet le gustaría aprender castellano, quedarse o irse a Francia y saber de su familia.

 

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